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enunciado 903967-1
De acuerdo con el texto de Abad,
 

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enunciado 903966-1
El mapa presentado en el texto tiene como objetivo
 

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enunciado 903965-1
Según el texto, la petición de cambio en las leyes europeas tuvo como razón la(s)
 

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Texto para lo ítem.
Tenía yo catorce años y estudiaba Humanidades. Un día sentí unos deseos rabiosos de hacer versos, y de enviárselos a una muchacha muy linda, que se había permitido darme calabazas. Me encerré en mi cuarto, y allí en la soledad, después de inauditos esfuerzos, condensé como pude, en unas cuantas estrofas, todas las amarguras de mi alma. Cuando vi, en una cuartilla de papel, estaban aquellos rengloncitos cortos tan simpáticos; cuando los leí en alta voz y consideré que mi cacumen los había producido, se apoderó de mí una sensación deliciosa de vanidad y orgullo. Inmediatamente pensé en publicarlos en La Calavera, único periódico que entonces había, y se los envié al redactor, bajo una cubierta y sin firma. Mi objeto era saborear las muchas alabanzas de que sin duda serían objeto, y sin decir modestamente quién era el autor, cuando mi amor propio se hallara satisfecho.
Pocos días después, sale el número 5 de La Calavera, y mis versos no aparecen en sus columnas. Los publicarán inmediatamente en el número 6, dije para mi capote, y me resigné a esperar porque no había otro remedio. Pero ni en el número 6, ni en el 7, ni en el 8, ni en los que siguieron había nada que tuviera apariencias de versos. Casi desesperaba ya de que mi primera poesía saliera de molde, cuando caten ustedes que el número 13 de La Calavera puso colmo a mis deseos.
Los que no creen en Dios, creen a puño cerrado en cualquier cosa; por ejemplo, que el número 13 es fatídico. Yo creo en Dios, pero también creo en la fatalidad del número 13. Apenas llegó a mis manos La Calavera, me puse de veinticinco alfileres, y me lancé a la calle, con el objeto de recoger elogios, llevando conmigo el famoso número 13.
Rubén Darío. Mis primeros versos. Internet: <http://mypage.direct.ca> (con adaptaciones).
Con respecto a las ideas del texto, juzgue lo ítem siguiente.
El escritor tiene varias opciones para publicar su obra.
 

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Seleccione la opción correcta según el empleo de los indefinidos.
 

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682626 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UFAL
Orgão: UNCISAL
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El amor en los tiempos del cólera


[…] Su día diferente era el domingo. Asistía a la misa mayor en la catedral, y luego volvía a casa y permanecía allí descansando y leyendo en la terraza del patio. Pocas veces salía a ver un enfermo en un día de guardar, como no fuera de extrema urgencia, y desde hacía muchos años no aceptaba un compromiso social que no fuera muy obligante. Aquel día de Pentecostés, por una coincidencia excepcional, habían
concurrido dos acontecimientos raros: la muerte de un amigo y las bodas de plata de un discípulo eminente. Sin embargo, en vez de regresar a casa sin rodeos, como lo tenía previsto después de certificar la muerte de Jeremiah de Saint-Amour, se dejó arrastrar por la curiosidad […].


GARCÍA-MÁRQUEZ, Gabriel. El amor en los tiempos del cólera, 1985, p. 11.


De acordo com o texto, o personagem tinha o hábito de não atender aos pacientes nos dias de domingo. No entanto, aquele dia foi excepcional porque teve que

 

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Elige la alternativa cuyas palabras completan, correcta y respectivamente, cada hueco de la frase.
amigos, ¿saben que ayer una enorme me arrastró la orilla y me dejó cerca del de la bandera roja?
 

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Lea el siguiente texto para contestar la cuestione.
Whatsapp: el doble check es Dios
Resulta llamativo que en el siglo de la conectividad las personas se a instancias normativas tan sádicas como arbitrarias. El presente continuo al que nos somete el ciberespacio con el diagnóstico que Walter Benjamin anunciaba en El narrador. Esto es: degrada el lugar del relato de boca en boca, al tiempo que exacerba la expectativa de constatación que aporta la prueba. El resultado no es otro que seres inseguros, dependientes de la verdad que el referente: sea éste la foto, la hora y el día del mensaje, el mail o el llamado, en definitiva: el dato que asegure que los dichos se corresponden con los hechos. De esta manera el del valor de la palabra genera una demanda de atención infinita. Tomemos por caso, los códigos e íconos que impone el ciberespacio
El whatsapp es un programa gratuito de la telefonía celular que se distingue por la facilidad en el envío y recepción de mensajes, aunque no por su privacidad. El sistema deja ver si el destinatario está conectado y si recibió el mensaje, detalle que exacerba la expectativa de respuesta del emisor. Los desencuentros y 15 amarguras suscitados entre los usuarios –las parejas, sobre todo– hicieron que días pasados la compañía responsable del servicio saliera a aclarar que el doble tilde, check, o tick en la pantalla, solo significa que el receptor ha recibido el mensaje, no que lo haya leído.
Cuestión que no aporta mucho, habida cuenta de que, en caso de verificarse que el usuario receptor está conectado (por más que la persona esté durmiendo), sigue en pie la torturante posibilidad de interrogarse: ¿por qué no lo ha leído?
Un video que circula en la web atestigua este delirante valor de verdad que se le atribuye al doble tilde. El corto muestra a una pareja que planea su viaje de vacaciones mientras comparten un trago en un bar. Todo parece transcurrir en un tono amoroso hasta que él le recuerda a ella un mensaje no respondido la noche anterior, cuyo breve texto rezaba: “Buenas noches, mi amor”. Como si nada, ella le transmite que no lo ha recibido. El caballero insiste y como prueba menciona el doble tilde registrado en su celular junto con la hora de su último contacto.
De nada valen las palabras con que la dama intenta explicar que, a la hora del envío, ella ya estaba durmiendo. Ahora él insinúa la existencia de una tercera persona. La conversación queda entrampada en el círculo infernal de la demanda: un puro espejo de reproches que borra cualquier pliegue donde escabullirse del ansia de certeza.
Bien podríamos concluir que, a juzgar por el afán de seguridad del muy actual caballero, hoy el cinturón de castidad del medievo son los códigos que impone el ciberespacio. No en vano, antes de que ella dé por terminada la cita –y la relación–, el macho clama: ¡el doble check es Dios!
Se trata de un claro ejemplo acerca de cómo el mandato digital expulsa ese acullico de palabras donde se refugia lo más íntimo, enigmático y femenino de una relación. No en vano, dice Lacan que “el amor no tiene nada que ver con la verdad”. Saber todo del Otro es el certificado de defunción del amor.
13/09/2013- Por Sergio Zabalza Disponível em <http://www.elsigma.com/columnas/whatsapp-el-doble-check-es-dios/12626> Acesso em:01 de dez. 2014.
Elige la opción, cuya expresión y palabras puedem ser reemplazadas en el texto, sin alteración de sentido, por la expresión queda entrampada en el, y por las palabras reproches y escabullirse.
 

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Elige la opción que presenta la frase INCORRECTA.
 

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Lea el siguiente texto para contestar la cuestione.
Whatsapp: el doble check es Dios
Resulta llamativo que en el siglo de la conectividad las personas se a instancias normativas tan sádicas como arbitrarias. El presente continuo al que nos somete el ciberespacio con el diagnóstico que Walter Benjamin anunciaba en El narrador. Esto es: degrada el lugar del relato de boca en boca, al tiempo que exacerba la expectativa de constatación que aporta la prueba. El resultado no es otro que seres inseguros, dependientes de la verdad que el referente: sea éste la foto, la hora y el día del mensaje, el mail o el llamado, en definitiva: el dato que asegure que los dichos se corresponden con los hechos. De esta manera el del valor de la palabra genera una demanda de atención infinita. Tomemos por caso, los códigos e íconos que impone el ciberespacio
El whatsapp es un programa gratuito de la telefonía celular que se distingue por la facilidad en el envío y recepción de mensajes, aunque no por su privacidad. El sistema deja ver si el destinatario está conectado y si recibió el mensaje, detalle que exacerba la expectativa de respuesta del emisor. Los desencuentros y 15 amarguras suscitados entre los usuarios –las parejas, sobre todo– hicieron que días pasados la compañía responsable del servicio saliera a aclarar que el doble tilde, check, o tick en la pantalla, solo significa que el receptor ha recibido el mensaje, no que lo haya leído.
Cuestión que no aporta mucho, habida cuenta de que, en caso de verificarse que el usuario receptor está conectado (por más que la persona esté durmiendo), sigue en pie la torturante posibilidad de interrogarse: ¿por qué no lo ha leído?
Un video que circula en la web atestigua este delirante valor de verdad que se le atribuye al doble tilde. El corto muestra a una pareja que planea su viaje de vacaciones mientras comparten un trago en un bar. Todo parece transcurrir en un tono amoroso hasta que él le recuerda a ella un mensaje no respondido la noche 26 anterior, cuyo breve texto rezaba: “Buenas noches, mi amor”. Como si nada, ella le transmite que no lo ha recibido. El caballero insiste y como prueba menciona el doble tilde registrado en su celular junto con la hora de su último contacto.
De nada valen las palabras con que la dama intenta explicar que, a la hora del envío, ella ya estaba durmiendo. Ahora él insinúa la existencia de una tercera persona. La conversación queda entrampada en el círculo infernal de la demanda: un puro espejo de reproches que borra cualquier pliegue donde escabullirse del ansia de certeza.
Bien podríamos concluir que, a juzgar por el afán de seguridad del muy actual caballero, hoy el cinturón de castidad del medievo son los códigos que impone el ciberespacio. No en vano, antes de que ella dé por terminada la cita –y la relación–, el macho clama: ¡el doble check es Dios!
Se trata de un claro ejemplo acerca de cómo el mandato digital expulsa ese acullico de palabras donde se refugia lo más íntimo, enigmático y femenino de una relación. No en vano, dice Lacan que “el amor no tiene nada que ver con la verdad”. Saber todo del Otro es el certificado de defunción del amor.
13/09/2013- Por Sergio Zabalza Disponível em <http://www.elsigma.com/columnas/whatsapp-el-doble-check-es-dios/12626> Acesso em:01 de dez. 2014.
Según el autor del texto “Whatsapp: el doble check es Dios”,
 

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