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ADAPTACIÓN: LA CLAVE DE NUESTRA ESPECIE
Evolución quiere decir cambio a lo largo del tiempo. En esta definición se basó Charles Darwin para escribir su famoso libro y desarrollar su idea sobre el origen de las especies. Una idea que parece que ha tenido gran impacto en la forma de entender y estudiar el pasado de la vida en la Tierra. ¡Y vaya que si tuvo impacto! La idea de evolución impregnó muchos campos del saber y permitió el estudio del pasado del ser humano desde otra perspectiva.
Con el paso del tiempo se puede observar un cambio en los aspectos físicos del ser humano. Pero no sólo se ha cambiado por fuera sino que el comportamiento del ser humano también ha protagonizado cambios significativos a lo largo de la historia de su evolución.
Uno de los primeros pasos evolutivos hacia el humano moderno se le otorga al bipedismo. La habilidad de caminar sobre las dos piernas empezó hace unos 4 millones de años. Desde entonces, los cambios que se han producido en nuestra línea evolutiva han sido significativos. La introducción de tecnología de piedra, el cambio en la dieta, la capacidad del lenguaje, etc. Y siempre con una capacidad de adaptación sorprendente a nuevas formas de vida.
Si nos fijamos en la historia de la tecnología de piedra y en la de las telecomunicaciones centrándonos en los teléfonos móviles, podemos observar un patrón común que se reproduce en ambas: la tendencia a minimizar las dimensiones de las piezas y a hacerlas más finas. De verdaderos bloques a objetos delicados y estilísticos.
La diferencia más notable entre una y otra tecnología es la rapidez del cambio entre diferentes modelos. Mientras el desarrollo tecnológico de la piedra en los primeros seres humanos se prolongó durante millones de años, en la era de las tecnologías tan solo se necesita poco más de una década para evolucionar considerablemente.
Por tanto, pese a que lo más llamativo e impactante puede ser el cambio físico, el cambio de comportamiento, el clima y evolución tecnológica quizás sean lo más determinante. Lo cual me hace formularme la siguiente pregunta: ¿el cambio de comportamiento supuso el cambio físico o fue al contrario? En cualquier caso, tanto un aspecto como el otro suponen evolución del ser humano, y esto, hasta llegar hasta nuestros días, ha tenido muchos aspectos determinantes. Uno de los más importantes sin lugar a dudas ha sido la inestabilidad climática que ha puesto a la humanidad ante innumerables retos desde el inicio de la especie. Esto ha permitido desarrollar en el género homo una capacidad abrumadora de adaptabilidad a los cambios del medio ambiente.
patrimoniointeligente.com
no sólo se ha cambiado por fuera sino que el comportamiento del ser humano también ha protagonizado cambios significativos
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Belleza inalcanzable
La activista feminista Jean Kilbourne decía en el documental Killing Us Softly que estaba harta de oír la misma pregunta cuando hablaba de la representación de la mujer en los medios: “Se lleva hablando de este tema cuarenta años. ¿Acaso no han mejorado las cosas?” Su respuesta era que, tristemente, no sólo debía decir que no, sino que, de hecho, las cosas habían empeorado. Los anuncios ya no sólo venden productos, también venden valores, imágenes y conceptos sobre el amor, la sexualidad, el éxito y quizás, lo que es más importante, venden una imagen de normalidad.
La publicidad, a la que nos vemos expuestos cada día, muestra cuerpos esculturales e irreales como sinónimo de éxito, felicidad e incluso salud. Esta presión socio-cultural, transmitida y potenciada por los medios de comunicación y la publicidad, “educa”, o más bien adoctrina a la población sobre los beneficios de la imagen y el “cuerpo perfecto”.
Y ¿qué nos cuentan los anuncios sobre las mujeres? Nos cuentan que lo primordial en nuestras vidas es nuestro aspecto físico. Pero, antes que nada, lo primero que nos enseñan las campañas publicitarias es cuál es el ideal de belleza femenino. Aprendemos desde una edad muy temprana que debemos invertir cantidades ingentes de tiempo, energías y, sobre todo, dinero, en alcanzar este ideal y sentirnos avergonzadas y culpables cuando fracasamos.
Sin embargo, la derrota es inevitable.
El modelo de belleza que nos vende la publicidad está basado en la perfecciónA). Las mujeres en los anuncios no tienen líneas de expresión ni arrugas, ciertamente no tienen cicatrices ni granos y, de hecho, no tienen ni poros.
Pero lo fundamental de esta perfección es que es inalcanzableB). La supermodelo Cindy Crawford dijo: “Ojalá tuviese el aspecto de Cindy Crawford”. No lo tenía, y era imposible que lo tuviese, porque su imagen fue creada a lo largo de los años a través del maquillaje y el retoque fotográfico.
Las niñas beben este mensaje de perfección desde una edad cada vez más tempranaC). Necesitan ser no sólo bellas, sino increíblemente delgadas, atractivas y sexuales. Las niñas se sienten a gusto con sus cuerpos cuando tienen 8, 9, 10 años… pero unos años más tarde, en cuanto alcancen la pubertad, se darán de bruces con la cruda realidad. Una realidad que les impondrá un modelo de perfección física inalcanzable.
La pregunta es ¿qué podemos hacer con respecto a esta situación? Lo primero es darnos cuenta de que esta realidad existe, prestar atención y aceptar que nos afecta a todo el mundo. Esta obsesión con la belleza, la perfección, la extremada delgadez es un problema de salud públicaD) que sólo podrá resolverse cambiando el entorno que nos rodea y esclaviza.
orbitadiversa.wordpress.com
Sin embargo, la derrota es inevitable.
Se aclara la naturaleza de esa derrota en:
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VIDA LITERARIA
Fernando Sánchez Dragó
Parece ser -no estoy seguro... Vivo ajeno a tales cosas- que se está celebrando en Madrid, por décima vez consecutiva, el Festival Eñe. Me entero porque algunas personas, amigas o desconocidas, inquieren la razón de que yo no figure en la amplia lista de escritores presentes en esa feria literaria. No es la única. Se celebran muchas otras, similares, a lo largo del año, desperdigadas por todos los lugares donde las instituciones creen que con ellas disimulan el tradicional desinterés, cuando no desprecio, con el que los poderes públicos tratan todo lo que huele a cultura, en general, y a literatura, en particular. Ya saben: Las Noches Blancas al hilo del Día del Libro, el Festival Hay en Segovia (y en medio mundo) y cosas así. Una vez, hace años, participé, muy de refilón, en el último de los citados, pero fue porque me lo pidieron dos buenas amigas: Pepa Roma y Lourdes Fernández-Ventura. Supongo que, de no ser por ellas, nadie se hubiera acordado de mí. Y habrían hecho bien, porque de tales encerronas suelo escapar por la tangente, a no ser que ofrezcan, a pachas con el señor Montoro, algo de dinerillo, no tanto para sacarme de pobre cuanto para retrasar el momento de que llegue a serlo.
Épocas hubo en un pasado casi remoto en el que no me mostraba tan esquivo. Estuve en los etílicos congresos de escritores de Las Palmas, del Distrito Federal (dos veces) y de Caracas a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, y en la Feria del Libro de Guadalajara en el 97 o 98, y en las de Pequín, Gotemburgo, Estambul y Tokio cuando España fue el país protagonista en ellas, pero confieso que lo hice movido menos por el señuelo de la literatura que por el placer de viajar y de ligar. De ligar, sí, como lo oyen, pues en ese tipo de saraos abundan las muchachas deseosas de estrechar lazos con bichos raros, digo, con escritores. Es una buena razón, ¿no?
Sea como fuere, no estoy en lo de la Eñe porque, para empezar, no me han invitado; para seguir, no creo que paguen (quizá me equivoque, pero si pagan, seguro que no será mucho); para rematar, porque Madrid es mi cazadero habitual y ya conozco en él más chicas de las que mis garras pueden capturar; y, sobre todo, porque tengo ochenta y un años, me quedan varios libros por escribir y no puedo perder el tiempo dedicando al frufrú de la vida literaria el que el ejercicio de la literatura exige.
Me contó Carlos Barral que en cierta ocasión, años atrás, había coincidido con Hemingway en Madrid y que éste, con la sorna que cabe imaginar, le preguntó en su español torpón:
-¿Y qué tal va la gran puta, amigo mío?
-¿La gran puta? -inquirió Barral, desconcertado.
-Sí, hombre -adujo el gigantón-. La vida literaria.
Él no la frecuentaba. Iba a los toros y a las guerras, pescaba, cazaba, boxeaba, bebía, follaba, viajaba y, sobre todo, escribía. No en vano había incluido en su célebre Decálogo del Escritor un mandamiento que decía: "Mézclate estrechamente con la vida".
¡Ay de los escritores que no siguen ese consejo! <http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/dragolandia>. Acesso em 28 out. 2017.
Assinale a alternativa que apresenta o mesmo sentido do seguinte fragmento de texto: “Se celebran muchas otras, similares, a lo largo del año, desperdigadas por todos los lugares.”.
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