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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UEPB
Orgão: Pref. Areial-PB
Texto 3
¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza?
¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares?
Dejemos esta cuestión para manãna, porque ya estarás cansado de leer hoy: si manãna u otro dia no tienes, como sueles, pereza de volver a la libreria, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mi mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas. perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieram podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para manãna; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé: Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mi mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: iEH, mañana lo escribiré! Da gracias a que IIegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero iay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
Texto extraido de: Mariano José de Larra, En este pais y otros artículos,
Madrid: Alianza Editorial, 1969
A ejemplo de la exclamación ¡Eh, mañana lo escribiré!, señale la opción en que NO se usa correctamente la partícula “lo”:
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Texto 3
¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza?
¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares?
Dejemos esta cuestión para manãna, porque ya estarás cansado de leer hoy: si manãna u otro dia no tienes, como sueles, pereza de volver a la libreria, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mi mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas. perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieram podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para manãna; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé: Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mi mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: iEH, mañana lo escribiré! Da gracias a que IIegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero iay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
Texto extraido de: Mariano José de Larra, En este pais y otros artículos,
Madrid: Alianza Editorial, 1969
En la palabra apagaba, hay tres fonemas consonánticos. Marque la forma correcta según el modo de articulación a partir de la pronunciación del castellano:
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Texto 3
¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza?
¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares?
Dejemos esta cuestión para manãna, porque ya estarás cansado de leer hoy: si manãna u otro dia no tienes, como sueles, pereza de volver a la libreria, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mi mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas. perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieram podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para manãna; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé: Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mi mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: iEH, mañana lo escribiré! Da gracias a que IIegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero iay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
Texto extraido de: Mariano José de Larra, En este pais y otros artículos,
Madrid: Alianza Editorial, 1969
En la forma verbal “confesándote”, el pronombre clítico se pospone al verbo porque esta está en gerundio. Las otras formas verbales que siguen la misma estructura son:
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Texto 3
¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza?
¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares?
Dejemos esta cuestión para manãna, porque ya estarás cansado de leer hoy: si manãna u otro dia no tienes, como sueles, pereza de volver a la libreria, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mi mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas. perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieram podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para manãna; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé: Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mi mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: iEH, mañana lo escribiré! Da gracias a que IIegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero iay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
Texto extraido de: Mariano José de Larra, En este pais y otros artículos,
Madrid: Alianza Editorial, 1969
La palabra que identifica el tema alrededor del cual gira la narración, la pereza, podría ser sustituída, manteniendo su significado, por:
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TEXTO 2
El chamariz en el chopo
-¿ Y qué más?
El chopo en el cielo azul
-¿ Y qué más?
El cielo azul en el agua
-¿ Y qué más?
El agua en la hojita mueva
-¿ Y qué más?
La hojita nueva en la rosa
-¿ Y qué más?
La rosa en mi corazón
-¿ Y qué más?
iMi corazón en el tuyo!
Poema de Juan Ramón Jiménez Editorial Losada - Madrid 1979
Señale la alternativa donde el adjetivo posesivo es utilizado correctamente, según el ejemplo mi corazón,
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TEXTO 2
El chamariz en el chopo
-¿ Y qué más?
El chopo en el cielo azul
-¿ Y qué más?
El cielo azul en el agua
-¿ Y qué más?
El agua en la hojita mueva
-¿ Y qué más?
La hojita nueva en la rosa
-¿ Y qué más?
La rosa en mi corazón
-¿ Y qué más?
iMi corazón en el tuyo!
Poema de Juan Ramón Jiménez Editorial Losada - Madrid 1979
El sustantivo agua, en español, por la regla de eufonía, utiliza, al singular, el artículo masculino EL. Identifique la secuencia de palabras que siguen la misma regla de eufonía:
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Banca: UEPB
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TEXTO 2
El chamariz en el chopo
-¿ Y qué más?
El chopo en el cielo azul
-¿ Y qué más?
El cielo azul en el agua
-¿ Y qué más?
El agua en la hojita mueva
-¿ Y qué más?
La hojita nueva en la rosa
-¿ Y qué más?
La rosa en mi corazón
-¿ Y qué más?
iMi corazón en el tuyo!
Poema de Juan Ramón Jiménez Editorial Losada - Madrid 1979
Así como hojita es el diminutivo de HOJA, señale el diminutivo correcto entre las alternativas propuestas:
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Texto 1
<< Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido>>, escribía en sus <<Epigramas>> el poeta Marco Valerio Marcial, pocos años después de que se produjera la erupción del Vesubio, el mayor y más famoso desastre natural de la Antiguedad. La explosión principal de lava aquel fatídico 25 de agosto del año 79 se produjo al mediodía y lanzó una columna de piedra pómez hasta una altura de entre 15 y 30 kilómetros, lo que sumió a los asentamientos ubicados bajo la más absoluta oscuridad.
<<Recorrimos con ojos todavía atemorizados los objetos sepultados en una profunda capa de ceniza como si se tratase de nieve>>, contaba también el escritor romano Plinio el Joven, testigo ocular del desastre, en unas cartas dirigidas al senador Cornelio Tácito. No fue solo Pompeya y sus 20.000 habitantes los que quedaron sepultados bejo aquel manto de piedra derretida. También sufrieron el mismo destino Oplontis,ciudad balneari; Herculano, la ciudad marítima de 5.000 habitantes situada más al norte, y Estabia con su pequenõ puerto de Boscoreale.
Fue precisamente en esta última ciudad donde un ingeniero italiano llamado Gennaro Matrone realizó por casualidad un hallazgo sorprendente a principios del siglo XX: entre más de 70 esqueletos enterrados habia uno que destacaba claramente por encima del resto, engalanado con collares, pulseras y una gran espada de marfil. Aquel impresionante y poco habitual ajuar le llevó a plantearse la siguiente pregunta: ¿podría haber encontrado los restos de Plinio el Viejo, del que sabía que había muerto con la erupción y cuyo cadáver nunca fue encontrado? Este importante militar y escritor, además de uno de los naturalistas más importantes de la historia, se encontraba luchando contra los piratas frente a la Bahía de Nápoles cuando le sorprendió la furia del Vesubio. Se percató de que una potente nube de humo tóxico se cernía sobre su barco, a pesar de lo cual tomó la valiente decisión de dirigir a la flota imperial de Roma en dirección a Pompeya para ayudar a la población.
Texto adaptado publicado en el periódico ABC - 05/02/2020
En la frase “pocos años después de que se produjera la erupción del Vesubio”, el verbo subrayado puede ser sustituido sin cambiar el sentido, el tiempo, el modo verbal y la persona, por
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Texto 1
<< Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido>>, escribía en sus <<Epigramas>> el poeta Marco Valerio Marcial, pocos años después de que se produjera la erupción del Vesubio, el mayor y más famoso desastre natural de la Antiguedad. La explosión principal de lava aquel fatídico 25 de agosto del año 79 se produjo al mediodía y lanzó una columna de piedra pómez hasta una altura de entre 15 y 30 kilómetros, lo que sumió a los asentamientos ubicados bajo la más absoluta oscuridad.
<<Recorrimos con ojos todavía atemorizados los objetos sepultados en una profunda capa de ceniza como si se tratase de nieve>>, contaba también el escritor romano Plinio el Joven, testigo ocular del desastre, en unas cartas dirigidas al senador Cornelio Tácito. No fue solo Pompeya y sus 20.000 habitantes los que quedaron sepultados bejo aquel manto de piedra derretida. También sufrieron el mismo destino Oplontis,ciudad balneari; Herculano, la ciudad marítima de 5.000 habitantes situada más al norte, y Estabia con su pequenõ puerto de Boscoreale.
Fue precisamente en esta última ciudad donde un ingeniero italiano llamado Gennaro Matrone realizó por casualidad un hallazgo sorprendente a principios del siglo XX: entre más de 70 esqueletos enterrados habia uno que destacaba claramente por encima del resto, engalanado con collares, pulseras y una gran espada de marfil. Aquel impresionante y poco habitual ajuar le llevó a plantearse la siguiente pregunta: ¿podría haber encontrado los restos de Plinio el Viejo, del que sabía que había muerto con la erupción y cuyo cadáver nunca fue encontrado? Este importante militar y escritor, además de uno de los naturalistas más importantes de la historia, se encontraba luchando contra los piratas frente a la Bahía de Nápoles cuando le sorprendió la furia del Vesubio. Se percató de que una potente nube de humo tóxico se cernía sobre su barco, a pesar de lo cual tomó la valiente decisión de dirigir a la flota imperial de Roma en dirección a Pompeya para ayudar a la población.
Texto adaptado publicado en el periódico ABC - 05/02/2020
La mejor definición para el término ajuar, es
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Texto 1
<< Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido>>, escribía en sus <<Epigramas>> el poeta Marco Valerio Marcial, pocos años después de que se produjera la erupción del Vesubio, el mayor y más famoso desastre natural de la Antiguedad. La explosión principal de lava aquel fatídico 25 de agosto del año 79 se produjo al mediodía y lanzó una columna de piedra pómez hasta una altura de entre 15 y 30 kilómetros, lo que sumió a los asentamientos ubicados bajo la más absoluta oscuridad.
<<Recorrimos con ojos todavía atemorizados los objetos sepultados en una profunda capa de ceniza como si se tratase de nieve>>, contaba también el escritor romano Plinio el Joven, testigo ocular del desastre, en unas cartas dirigidas al senador Cornelio Tácito. No fue solo Pompeya y sus 20.000 habitantes los que quedaron sepultados bejo aquel manto de piedra derretida. También sufrieron el mismo destino Oplontis,ciudad balneari; Herculano, la ciudad marítima de 5.000 habitantes situada más al norte, y Estabia con su pequenõ puerto de Boscoreale.
Fue precisamente en esta última ciudad donde un ingeniero italiano llamado Gennaro Matrone realizó por casualidad un hallazgo sorprendente a principios del siglo XX: entre más de 70 esqueletos enterrados habia uno que destacaba claramente por encima del resto, engalanado con collares, pulseras y una gran espada de marfil. Aquel impresionante y poco habitual ajuar le llevó a plantearse la siguiente pregunta: ¿podría haber encontrado los restos de Plinio el Viejo, del que sabía que había muerto con la erupción y cuyo cadáver nunca fue encontrado? Este importante militar y escritor, además de uno de los naturalistas más importantes de la historia, se encontraba luchando contra los piratas frente a la Bahía de Nápoles cuando le sorprendió la furia del Vesubio. Se percató de que una potente nube de humo tóxico se cernía sobre su barco, a pesar de lo cual tomó la valiente decisión de dirigir a la flota imperial de Roma en dirección a Pompeya para ayudar a la población.
Texto adaptado publicado en el periódico ABC - 05/02/2020
Según el texto,
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