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Ciudadanía y música en el Brasil
En Brasil existe una larga historia de relaciones entre la música popular y la lucha por la ciudadanía. La música ha servido tanto de instrumento para la afirmación ciudadana de las clases obreras y medias, como para la formulación de las políticas disciplinarias y represivas del Estado. A menudo, ha funcionado de ambas maneras simultáneamente.
En la segunda mitad del siglo XIX, mientras la polca ganaba popularidad entre las élites de Río de Janeiro, en los patios y en las cocinas la población negra y mulata desarrollaba una forma de tocarla que subvertía la reiteración sucesiva de los compases, propia del género europeo. Se inventaban allí, a partir de la riqueza rítmica de las músicas subsaharianas traídas por los esclavos, patrones sincopados que iban a crear el primer género popular urbano del país, el maxixe.
No sería exagerado afirmar que ese ritmo representó el primer ingreso a la ciudadanía cultural y musical de las masas urbanas negras y mulatas. A lo largo de las últimas décadas del siglo XIX, se lo asociaría también directamente a la lujuria y a la indecencia. Tanto es así, que el principal compositor de la época, Ernesto Nazareth, prefirió denominarles con el nombre menos temerario de “tangos brasileños” a sus maxixes, ya que el mismo término se había transformado en tabú.
Como suele suceder, la apropiación del género por parte de las clases dominantes poco a poco lo convirtió no solo en una forma cultural aceptada, sino incluso exportable. En las dos primeras décadas del siglo XX, el maxixe se convirtió en una referencia rítmica para el naciente género nacional brasileño, el samba.
Los años treinta y cuarenta, hubo el ascenso del samba como género nacional. La gran batalla simbólica del momento se produjo en torno a la apropiación del samba por parte de los artistas blancos “del asfalto”, en oposición a los compositores negros “del morro”, que a menudo vendían a aquéllos la coautoría de canciones ya compuestas en su totalidad. Menos estudiada fue la política musical de la época, periodo del gobierno de Getúlio Vargas, para las escuelas primarias, ancladas en el canto como instrumento de construcción de un ciudadano obediente.
La MPB (Música Popular Brasileña) fue la gran mediadora de la ciudadanía cultural de las capas medias en los años setenta. Por un lado, fue una permanente difusora de mensajes indirectos acerca de la represión del régimen militar, que llegó a un público al que la literatura, el teatro e incluso el cine jamás habían alcanzado. Por otro lado, también representó para la clase media un pasaporte al buen gusto: con la primacía de la figura del cantautor, las armonías complejas y las letras “literarias”, la MPB comenzó a formar un público presuntamente sofisticado, que se diferenciaba, a través de su consumo, de formas más populares como el samba de raíz tradicional o las variaciones melodramáticas del bolero que recibían la etiqueta peyorativa de cafona (“música cursi”).
Ya, en los años noventa, el funk carioca, aunque con letras sin contenido político reconocible a primera vista, se ha transformado en un instrumento de construcción de ciudadanía, a través del cual la juventud excluida de Río de Janeiro ocupa espacios públicos que, en otras circunstancias, le estarían vedados.
En la actualidad, la música, la forma artística brasileña más célebre, continúa siendo un campo de batalla cultural, cuyo sentido político nunca está dado de antemano. Seguir rastreándolo es una tarea indispensable para quienes nos dedicamos a pensar el país.
Idelber Avelar revistatodavia.com.ar
En el último párrafo, el autor concluye el texto presentando una idea sobre la relación existente entre música y política.
La frase que mejor traduciría esa idea es:
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La nueva longevidad
Un periódico nacional publicó un aviso que anunciaba: “Se dictan cursos de computación en Internet para ancianos”. A renglón seguido se leía: “Matrículas abiertas para personas de 40 años en adelante”. Decirle anciano a una persona de 40 era acertado en 1900, cuando la expectativa de vida en Colombia era de 28 años, pero no ahora cuando está estimada en 75 años. Una persona de 40, en las circunstancias actuales, se encuentra en la mitad de la vida y difícilmente cabe en la categoría de persona vieja. Pero esta confusión es común y se explica porque la sociedad está viviendo una transformación silenciosa, rápida y que ha tomado a casi todos por sorpresa.
Los expertos llaman a este proceso la revolución demográfica, un fenómeno que se expresa en cambios rápidos en la estructura poblacional, la cual se está modificando porque cada vez nacen menos niños, al tiempo que aumenta el grupo de personas que viven 60 y más años. Esta revolución también está dada porque la gente vive más gracias a los avances en salud, educación y a las condiciones de vida. Y, por esto, la famosa pirámide resultado de dicha estructura se ha ido desdibujando para darles paso a otras formas. En 2050, es posible que sea más acertado hablar de la cebolla poblacional. Para ese entonces se estima que en el país habrá tres adultos mayores de 60 años por cada menor de 5.
Si bien esta situación es más pronunciada en países desarrollados, en los más pobres estos cambios se están dando en un tiempo más corto. “En Europa esta transformación duró 300 años, en cambio en Colombia se dio en apenas 30”, señala Héctor Maldonado, director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Por primera vez en la historia conviven simultáneamente varias generaciones. Los niños de hoy tienen la oportunidad de vivir en un mismo momento con sus padres y abuelos, a veces con los bisabuelos e incluso, en situaciones muy particulares, hasta con sus tatarabuelos.
Esta “abundancia de vida”, como la llama Gunhild Hagestad, profesora de sociología de la Universidad de Northwestern, en Estados Unidos, plantea una serie de retos para la sociedad, no solamente para la salud, sino la educación, la economía, la seguridad social, la política y la cultura. Lo paradójico es que, a pesar de estos cambios, persisten ideas caducas sobre la vejez, que todavía se asocia a enfermedad, pobreza y aislamiento. Tal vez estos mitos explican el miedo que buena parte de la sociedad le tiene a dicha etapa de la vida. Se ensalza la juventud como sinónimo de éxito. En los medios de comunicación, los viejos escasamente tienen voz.
Sin embargo, el envejecimiento es un proceso que empieza al nacer y termina al morir. “Envejecemos los 365 días del año, pues no hay otra forma de vivir sino envejeciendo. La fase final de ese vivir-envejecer es la que denominamos vejez, un término que equivale a vivir muchos años”, señala la psicóloga Elisa Dulcey-Ruiz. La juventud, por lo tanto, debe entender la vida como un proceso que requiere una preparación permanente y una acumulación de capital y recursos de toda índole - físicos, intelectuales, emocionales, económicos - porque “todos estamos envejeciendo y los jóvenes de hoy van a ser los viejos del mañana”, enfatiza la psicóloga.
semana.com
Los niños de hoy tienen la oportunidad de vivir en un mismo momento con sus padres y abuelos,
El fragmento arriba expresa un punto de vista sobre el tema planteado en el texto.
Ese punto de vista se lo puede caracterizar como:
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Ciudadanía y música en el Brasil
En Brasil existe una larga historia de relaciones entre la música popular y la lucha por la ciudadanía. La música ha servido tanto de instrumento para la afirmación ciudadana de las clases obreras y medias, como para la formulación de las políticas disciplinarias y represivas del Estado. A menudo, ha funcionado de ambas maneras simultáneamente.
En la segunda mitad del siglo XIX, mientras la polca ganaba popularidad entre las élites de Río de Janeiro, en los patios y en las cocinas la población negra y mulata desarrollaba una forma de tocarla que subvertía la reiteración sucesiva de los compases,A) propia del género europeo. Se inventaban allí, a partir de la riqueza rítmica de las músicas subsaharianas traídas por los esclavos, patrones sincopados que iban a crear el primer género popular urbano del país, el maxixe.
No sería exagerado afirmar que ese ritmo representó el primer ingreso a la ciudadanía cultural y musical de las masas urbanas negras y mulatas.B) A lo largo de las últimas décadas del siglo XIX, se lo asociaría también directamente a la lujuria y a la indecencia.C) Tanto es así, que el principal compositor de la época, Ernesto Nazareth, prefirió denominarles con el nombre menos temerario de “tangos brasileños”D) a sus maxixes, ya que el mismo término se había transformado en tabú.
Como suele suceder, la apropiación del género por parte de las clases dominantes poco a poco lo convirtió no solo en una forma cultural aceptada, sino incluso exportable. En las dos primeras décadas del siglo XX, el maxixe se convirtió en una referencia rítmica para el naciente género nacional brasileño, el samba.
Los años treinta y cuarenta, hubo el ascenso del samba como género nacional. La gran batalla simbólica del momento se produjo en torno a la apropiación del samba por parte de los artistas blancos “del asfalto”, en oposición a los compositores negros “del morro”, que a menudo vendían a aquéllos la coautoría de canciones ya compuestas en su totalidad. Menos estudiada fue la política musical de la época, periodo del gobierno de Getúlio Vargas, para las escuelas primarias, ancladas en el canto como instrumento de construcción de un ciudadano obediente.
La MPB (Música Popular Brasileña) fue la gran mediadora de la ciudadanía cultural de las capas medias en los años setenta. Por un lado, fue una permanente difusora de mensajes indirectos acerca de la represión del régimen militar, que llegó a un público al que la literatura, el teatro e incluso el cine jamás habían alcanzado. Por otro lado, también representó para la clase media un pasaporte al buen gusto: con la primacía de la figura del cantautor, las armonías complejas y las letras “literarias”, la MPB comenzó a formar un público presuntamente sofisticado, que se diferenciaba, a través de su consumo, de formas más populares como el samba de raíz tradicional o las variaciones melodramáticas del bolero que recibían la etiqueta peyorativa de cafona (“música cursi”).
Ya, en los años noventa, el funk carioca, aunque con letras sin contenido político reconocible a primera vista, se ha transformado en un instrumento de construcción de ciudadanía, a través del cual la juventud excluida de Río de Janeiro ocupa espacios públicos que, en otras circunstancias, le estarían vedados.
En la actualidad, la música, la forma artística brasileña más célebre, continúa siendo un campo de batalla cultural, cuyo sentido político nunca está dado de antemano. Seguir rastreándolo es una tarea indispensable para quienes nos dedicamos a pensar el país.
Idelber Avelar revistatodavia.com.ar
El autor presenta el trayecto de la creación del maxixe en la segunda mitad del siglo XIX.
El fragmento que mejor expresa un beneficio social de ese ritmo es:
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Ciudadanía y música en el Brasil
En Brasil existe una larga historia de relaciones entre la música popular y la lucha por la ciudadanía. La música ha servido tanto de instrumento para la afirmación ciudadana de las clases obreras y medias, como para la formulación de las políticas disciplinarias y represivas del Estado. A menudo, ha funcionado de ambas maneras simultáneamente.
En la segunda mitad del siglo XIX, mientras la polca ganaba popularidad entre las élites de Río de Janeiro, en los patios y en las cocinas la población negra y mulata desarrollaba una forma de tocarla que subvertía la reiteración sucesiva de los compases, propia del género europeo. Se inventaban allí, a partir de la riqueza rítmica de las músicas subsaharianas traídas por los esclavos, patrones sincopados que iban a crear el primer género popular urbano del país, el maxixe.
No sería exagerado afirmar que ese ritmo representó el primer ingreso a la ciudadanía cultural y musical de las masas urbanas negras y mulatas. A lo largo de las últimas décadas del siglo XIX, se lo asociaría también directamente a la lujuria y a la indecencia. Tanto es así, que el principal compositor de la época, Ernesto Nazareth, prefirió denominarles con el nombre menos temerario de “tangos brasileños” a sus maxixes, ya que el mismo término se había transformado en tabú.
Como suele suceder, la apropiación del género por parte de las clases dominantes poco a poco lo convirtió no solo en una forma cultural aceptada, sino incluso exportable. En las dos primeras décadas del siglo XX,A) el maxixe se convirtió en una referencia rítmica para el naciente género nacional brasileño, el samba.
Los años treinta y cuarenta,B) hubo el ascenso del samba como género nacional. La gran batalla simbólica del momento se produjo en torno a la apropiación del samba por parte de los artistas blancos “del asfalto”, en oposición a los compositores negros “del morro”, que a menudo vendían a aquéllos la coautoría de canciones ya compuestas en su totalidad. Menos estudiada fue la política musical de la época, periodo del gobierno de Getúlio Vargas, para las escuelas primarias, ancladas en el canto como instrumento de construcción de un ciudadano obediente.
La MPB (Música Popular Brasileña) fue la gran mediadora de la ciudadanía cultural de las capas medias en los años setenta.C) Por un lado, fue una permanente difusora de mensajes indirectos acerca de la represión del régimen militar, que llegó a un público al que la literatura, el teatro e incluso el cine jamás habían alcanzado. Por otro lado, también representó para la clase media un pasaporte al buen gusto: con la primacía de la figura del cantautor, las armonías complejas y las letras “literarias”, la MPB comenzó a formar un público presuntamente sofisticado, que se diferenciaba, a través de su consumo, de formas más populares como el samba de raíz tradicional o las variaciones melodramáticas del bolero que recibían la etiqueta peyorativa de cafona (“música cursi”).
Ya, en los años noventa,D) el funk carioca, aunque con letras sin contenido político reconocible a primera vista, se ha transformado en un instrumento de construcción de ciudadanía, a través del cual la juventud excluida de Río de Janeiro ocupa espacios públicos que, en otras circunstancias, le estarían vedados.
En la actualidad, la música, la forma artística brasileña más célebre, continúa siendo un campo de batalla cultural, cuyo sentido político nunca está dado de antemano. Seguir rastreándolo es una tarea indispensable para quienes nos dedicamos a pensar el país.
Idelber Avelar revistatodavia.com.ar
La música ha servido tanto de instrumento para la afirmación ciudadana de las clases obreras y medias, como para la formulación de las políticas disciplinarias y represivas del Estado.
En esa afirmación, el autor aclara que la música fue utilizada en Brasil con diferentes objetivos a lo largo del tiempo.
De acuerdo con el texto, el uso disciplinario de la música se pudo presenciar en el siguiente periodo:
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Na imagem, a linguagem visual e as informações verbais relacionam o consumo do cigarro à (ao)
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: IMPARH
Orgão: Pref. Fortaleza-CE
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: IMPARH
Orgão: Pref. Fortaleza-CE
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: IMPARH
Orgão: Pref. Fortaleza-CE
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-AL
Propuestas de trabajo de Victoria Coronado
1. Se trabaja con el grupo completo. Se presenta la lectura con la que se va a trabajar. Se habla del autor, del ilustrador, el título de la lectura y se les pide a los estudiantes que hagan predicciones acerca de la lectura.
Antes de iniciar la lectura se habla de la habilidad que se trabajará durante la semana. El profesor o la profesora inicia la lectura en voz alta y luego le pide a diferentes alumnos y alumnas que lean un párrafo y se va discutiendo la lectura con todo el grupo.
El profesor hace un modelaje de alguna estrategia de comprensión lectora realizando preguntas como: ¿Cómo creen que se va a resolver el problema?, ¿Quiénes son los personajes principales?, ¿Cuál es el principio, medio y final de la lectura? En este primer día se trabaja la motivación a la lectura con todo el grupo. Después se hacen los ejercicios elaborados previamente por el profesor que deben coincidir con los temas de lengua de la semana.
2. El profesor comenta con los alumnos la lectura leída el día anterior y presenta instrucciones precisas para cada uno de los centros. Los pupitres de los niños deben estar agrupados formando cuatro grupos y los niños rotan cada 40 minutos. Cada grupo trabaja en su centro un día a la vez. Hay centro de escritura, centro de gramática y ortografía, centro de trabajo independiente con habilidades lectoras, lectura con el profesor o la profesora y rincón de lectura, donde los niños leen libremente o realizan juegos didácticos.
Cuando se trabaja en centros, la profesora o el profesor primero tiene a su grupo dividido en grupos de cuatro y asigna un centro a cada grupo, verifica que en cada grupo estén trabajando debidamente, y luego él o ella se sienta con el grupo de lectura a leer de nuevo, repasar estrategias de comprensión lectora como hacer predicciones, resumir de forma periódica, utilizar un organizador gráfico para ver la estructura del texto, inferir y resumir.
3. Antes de iniciar el trabajo en centros, el profesor repasa los objetivos de las actividades a realizar. Luego, los niños rotan en los centros. Cuando se trabaja en grupos pequeños, es importante tomar en cuenta que el manejo del grupo y la disciplina son indispensables para el éxito de este trabajo.
Internet: <www.educarchile.cl> (con adaptaciones).
Considerando las ideas del texto de arriba y sus aspectos gramaticales, juzgue lo ítem.
Es importante realizar la discusión de la lectura al final.
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