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Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
El proyecto presentado se concentró en
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Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
Asimismo en el primer párrafo, entendemos que Reyes Jiménez
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Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
De acuerdo con el primer párrafo, la idea del proyecto era
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LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
El estudio publicado en Nature indica que
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LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
El término “hasta” tiene función de
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LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
El recuento de los árboles cuyos números están en la revista Nature
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LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
Los datos presentados por el artículo en Nature
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LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
De acuerdo con el estudio publicado por la revista Nature,
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LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
Según el primer párrafo, ¿Cuántos árboles hay en el mundo?, es una pregunta
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TEXTO
Adelgaza, todavía más, mientras paseas
Pocas cosas hay más placenteras en la vida que un paseo: relaja, estimula y es saludable.
Pero para que una caminata pueda ser igual de efectiva que una sesión de gimnasio tiene que cumplir una serie de requisitos.
Si quieres formar parte del clan del “power walking o caminar a paso ligero” te contamos las claves para sacar el mejor provecho de una actividad sana, sencilla y agradable.
1. Más importante que la velocidad es la intensidad
¿En qué se traduce eso? Lo realmente efectivo es aumentar nuestro ritmo cardiaco para conseguir unas pulsaciones de entre el 60 % y el 80% de frecuencia máxima. Hacer el cálculo es muy sencillo: se resta a la frecuencia máxima de 220 pulsaciones nuestra edad y al resultado obtenido se le aplica el porcentaje mencionado. Además, es importante fraccionar el tiempo de la sesión en tramos con diferentes intensidades.
2. Bajarla barrera de los 5 km/h
A la intensidad, hay que sumarle también un incremento de la velocidad, pero sin llegar a sentirnos incómodos. Según el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM), para un adulto sano lo aconsejable es caminar a una velocidad que oscile entre los 4,8 Km/h y los 6,4 Km/h.
3. Caminar al menos dos horas y media a la semana.
Si, no hace falta más. Podemos repartir estos 150 minutos de lunes a domingo… Recomendable, por ejemplo, realizar sesiones diarias de 30 minutos ¡nunca menos!
4. Dale mucho ritmo
Además de las piernas, hay que intentar que otros músculos se impliquen en el movimiento. El balanceo de los brazos debe ser armónico con la ejecución de los pasos. Avance de la pierna izquierda, balanceo del brazo derecho y viceversa. Y para rizar el rizo, lo ideal es completar la caminata con una tabla de abdominales, de entre cinco y diez minutos.
5. Caminamos, no nos lucimos en la “Pasarela”.
Calzado y ropa cómoda. Imprescindibles para una buena sesión de “power walking”. Y si ya adaptamos nuestro calzado a nuestra forma de pisar sería ¡la bomba!
6. Música, amigos, mascotas… los mejores compañeros de una buena caminata
Noche, tarde, mañana. El momento del día no influye en la quema de calorías, pero si en el placer que el ejercicio pueda aportarnos. Un paseo es mucho más agradable si es compartido o si es aderezado con las canciones que más nos gustan. Cadena Dial es, sin duda, una de las mejores compañías para que puedas disfrutar al máximo de tu salida al aire libre.
¡Encantados de caminar contigo!
Señala la afirmación verdadera.
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