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1454749 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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T E X T O

Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

Según el texto, el esqueleto hallado en Israel

 

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1454748 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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T E X T O

Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

La palabra “martes” está empleada como un día de la semana, que en portugués corresponde a

 

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1454747 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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T E X T O

Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

Los recientes estudios sobre los neandertales comprueban que esos ancestrales

 

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1454746 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

La expresión “echa por tierra” debe ser entendida como

 

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1454745 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

En las últimas líneas del primer párrafo, podemos entender que los neandertales

 

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1454744 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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T E X T O

Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

El texto dice también que los neandertales

 

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1454743 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UECE
Orgão: UECE
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T E X T O

Los neandertales respiraban de modo diferente

Judith de Jorge

El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.

Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.

Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen

publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.

Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).

Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.

Periódico ABC – España

De acuerdo con las primeras líneas del texto,

 

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1343331 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: URCA
Orgão: Pref. Milagres-CE
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La S con la Ch: ¡Schwarzenegger!
Un área clave del cerebro aprende a identificar palabras de un vistazo - Un estudio con ex guerrilleros revela cómo el aprendizaje de la lectura cambia nuestra mente.
Aprender a hablar es espontáneo en nuestra especie, pero aprender a leer no: la escritura se inventó hace sólo 5.000 años, y no ha dado tiempo para que evolucione un órgano mental de la lectura. Aprender a leer es un modelo óptimo para estudiar los mecanismos cerebrales del aprendizaje. Es muy difícil estudiarlo en los niños, porque en ellos todo el cerebro está cambiando por todo tipo de razones. Un grupo de investigadores españoles, británicos y colombianos dirigido por Manuel Carreiras, director del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, han salvado esa dificultad de un modo ingenioso: usando ex guerrilleros colombianos analfabetos que estaban aprendiendo a leer. Han podido así demostrar claros cambios estructurales y de conectividad en las áreas lingüísticas del cerebro.
"Tras décadas de lucha", dicen los científicos, "algunos miembros de las fuerzas guerrilleras han empezado a reintegrarse en la sociedad colombiana, generando una población considerable de adultos analfabetos. Tras dejar las armas y volver a la sociedad, algunos han tenido la oportunidad de aprender a leer a los veintitantos años, una situación ideal para investigar los cambios cerebrales asociados a aprender a leer".
Carreiras y sus colegas han examinado por resonancia magnética (MRI) los cerebros de 20 guerrilleros que justo habían completado su programa de alfabetización en español. Y los han comparado con los de otros 22 guerrilleros que aún no habían empezado el curso. Cinco áreas del córtex cerebral muestran más materia gris en los primeros. Dos de las áreas están implicadas en el procesamiento de la información visual y fonológica "de alto nivel". Las áreas visuales del córtex forman una serie jerárquica. La primera área recibe de la retina un vulgar informe de luces y sombras, pero entrega un mapa de fronteras entre luz y sombra, clasificadas por su orientación precisa. La siguiente recibe esas líneas y entrega polígonos, que la otra convierte en formas tridimensionales.
Un área recibe formas concretas (un cubo visto en cierta orientación) y entrega formas abstractas (un cubo visto en cualquier orientación). Más arriba en esa jerarquía hay pequeños grupos de neuronas que significan "Bill Clinton" o "Halle Berry", por citar dos ejemplos reales descubiertos por Christof Koch, un neurocientífico de Caltech (el instituto tecnológico de California). El reconocimiento de las letras y las palabras es otra de estas funciones de alto nivel. El lenguaje, sin embargo, no evolucionó asociado a la visión, sino al oído. Hasta hace 5.000 años, todo el lenguaje era hablado. El aprendizaje de la lectura debe conectar de algún modo la información visual -la forma de las letras y las palabras- con un dispositivo cerebral hecho para analizar sonidos, no imágenes. De ahí el aumento de materia gris en las áreas fonológicas del córtex cerebral.
Con todo, el efecto más notable ocurre en otra zona relacionada con la semántica: el giro angular, algo por detrás de la oreja. También hay cambios en el cuerpo calloso, el haz nervioso que conecta las dos mitades (hemisferios) del cerebro. En este caso no crece la materia gris (los cuerpos de las neuronas), sino la blanca (el conjunto de sus axones). La interpretación más simple es que estos axones extra provienen de los cuerpos neuronales extra de las áreas occipitales. Es decir, que aprender a leer no sólo agranda esas áreas en ambos hemisferios, sino también sus nexos entre un hemisferio y otro.
De hecho, Carreiras ha confirmado en otros voluntarios - 10 ingleses adultos que aprendieron a leer de niños- que el giro angular (y el giro dorsal occipital) izquierdo está fuertemente conectado con el derecho a través del cuerpo calloso. Más aún: a través de la misma zona precisa del cuerpo calloso que antes. Los resultados son muy específicos de la lectura. En un tercer experimento, también con ingleses adultos que aprendieron a leer de niños, los científicos han comparado las zonas cerebrales que se activan al leer y al reconocer objetos. Los dos giros angulares, izquierdo y derecho, aumentaron su conectividad al leer, pero no al reconocer objetos.
Los nuevos datos también descartan la hipótesis predominante sobre la función del giro angular. "La visión tradicional ha sido que el giro angular actúa como un diccionario que convierte las letras de una palabra en sonidos y en significados", explica Carreiras. "Pero nosotros mostramos ahora que su función es más de carácter predictivo, anticipando letras a partir del significado; es similar a la función predictiva para los mensajes del teléfono móvil".
Adaptado de https://elpais.com/diario/2009/10/15/sociedad/1255557601_8 50215.html
(Concurso Milagres/2018) De acordo com o texto, os pesquisadores usaram ex-guerrilheiros colombianos analfabetos para o experimento:
 

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1343330 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: URCA
Orgão: Pref. Milagres-CE
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La S con la Ch: ¡Schwarzenegger!
Un área clave del cerebro aprende a identificar palabras de un vistazo - Un estudio con ex guerrilleros revela cómo el aprendizaje de la lectura cambia nuestra mente.
Aprender a hablar es espontáneo en nuestra especie, pero aprender a leer no: la escritura se inventó hace sólo 5.000 años, y no ha dado tiempo para que evolucione un órgano mental de la lectura. Aprender a leer es un modelo óptimo para estudiar los mecanismos cerebrales del aprendizaje. Es muy difícil estudiarlo en los niños, porque en ellos todo el cerebro está cambiando por todo tipo de razones. Un grupo de investigadores españoles, británicos y colombianos dirigido por Manuel Carreiras, director del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, han salvado esa dificultad de un modo ingenioso: usando ex guerrilleros colombianos analfabetos que estaban aprendiendo a leer. Han podido así demostrar claros cambios estructurales y de conectividad en las áreas lingüísticas del cerebro.
"Tras décadas de lucha", dicen los científicos, "algunos miembros de las fuerzas guerrilleras han empezado a reintegrarse en la sociedad colombiana, generando una población considerable de adultos analfabetos. Tras dejar las armas y volver a la sociedad, algunos han tenido la oportunidad de aprender a leer a los veintitantos años, una situación ideal para investigar los cambios cerebrales asociados a aprender a leer".
Carreiras y sus colegas han examinado por resonancia magnética (MRI) los cerebros de 20 guerrilleros que justo habían completado su programa de alfabetización en español. Y los han comparado con los de otros 22 guerrilleros que aún no habían empezado el curso. Cinco áreas del córtex cerebral muestran más materia gris en los primeros. Dos de las áreas están implicadas en el procesamiento de la información visual y fonológica "de alto nivel". Las áreas visuales del córtex forman una serie jerárquica. La primera área recibe de la retina un vulgar informe de luces y sombras, pero entrega un mapa de fronteras entre luz y sombra, clasificadas por su orientación precisa. La siguiente recibe esas líneas y entrega polígonos, que la otra convierte en formas tridimensionales.
Un área recibe formas concretas (un cubo visto en cierta orientación) y entrega formas abstractas (un cubo visto en cualquier orientación). Más arriba en esa jerarquía hay pequeños grupos de neuronas que significan "Bill Clinton" o "Halle Berry", por citar dos ejemplos reales descubiertos por Christof Koch, un neurocientífico de Caltech (el instituto tecnológico de California). El reconocimiento de las letras y las palabras es otra de estas funciones de alto nivel. El lenguaje, sin embargo, no evolucionó asociado a la visión, sino al oído. Hasta hace 5.000 años, todo el lenguaje era hablado. El aprendizaje de la lectura debe conectar de algún modo la información visual -la forma de las letras y las palabras- con un dispositivo cerebral hecho para analizar sonidos, no imágenes. De ahí el aumento de materia gris en las áreas fonológicas del córtex cerebral.
Con todo, el efecto más notable ocurre en otra zona relacionada con la semántica: el giro angular, algo por detrás de la oreja. También hay cambios en el cuerpo calloso, el haz nervioso que conecta las dos mitades (hemisferios) del cerebro. En este caso no crece la materia gris (los cuerpos de las neuronas), sino la blanca (el conjunto de sus axones). La interpretación más simple es que estos axones extra provienen de los cuerpos neuronales extra de las áreas occipitales. Es decir, que aprender a leer no sólo agranda esas áreas en ambos hemisferios, sino también sus nexos entre un hemisferio y otro.
De hecho, Carreiras ha confirmado en otros voluntarios - 10 ingleses adultos que aprendieron a leer de niños- que el giro angular (y el giro dorsal occipital) izquierdo está fuertemente conectado con el derecho a través del cuerpo calloso. Más aún: a través de la misma zona precisa del cuerpo calloso que antes. Los resultados son muy específicos de la lectura. En un tercer experimento, también con ingleses adultos que aprendieron a leer de niños, los científicos han comparado las zonas cerebrales que se activan al leer y al reconocer objetos. Los dos giros angulares, izquierdo y derecho, aumentaron su conectividad al leer, pero no al reconocer objetos.
Los nuevos datos también descartan la hipótesis predominante sobre la función del giro angular. "La visión tradicional ha sido que el giro angular actúa como un diccionario que convierte las letras de una palabra en sonidos y en significados", explica Carreiras. "Pero nosotros mostramos ahora que su función es más de carácter predictivo, anticipando letras a partir del significado; es similar a la función predictiva para los mensajes del teléfono móvil".
Adaptado de https://elpais.com/diario/2009/10/15/sociedad/1255557601_8 50215.html
(Concurso Milagres/2018) Conforme o texto, é incorreto afirmar que:
 

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1343329 Ano: 2018
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: URCA
Orgão: Pref. Milagres-CE
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La S con la Ch: ¡Schwarzenegger!
Un área clave del cerebro aprende a identificar palabras de un vistazo - Un estudio con ex guerrilleros revela cómo el aprendizaje de la lectura cambia nuestra mente.
Aprender a hablar es espontáneo en nuestra especie, pero aprender a leer no: la escritura se inventó hace sólo 5.000 años, y no ha dado tiempo para que evolucione un órgano mental de la lectura. Aprender a leer es un modelo óptimo para estudiar los mecanismos cerebrales del aprendizaje. Es muy difícil estudiarlo en los niños, porque en ellos todo el cerebro está cambiando por todo tipo de razones. Un grupo de investigadores españoles, británicos y colombianos dirigido por Manuel Carreiras, director del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, han salvado esa dificultad de un modo ingenioso: usando ex guerrilleros colombianos analfabetos que estaban aprendiendo a leer. Han podido así demostrar claros cambios estructurales y de conectividad en las áreas lingüísticas del cerebro.
"Tras décadas de lucha", dicen los científicos, "algunos miembros de las fuerzas guerrilleras han empezado a reintegrarse en la sociedad colombiana, generando una población considerable de adultos analfabetos. Tras dejar las armas y volver a la sociedad, algunos han tenido la oportunidad de aprender a leer a los veintitantos años, una situación ideal para investigar los cambios cerebrales asociados a aprender a leer".
Carreiras y sus colegas han examinado por resonancia magnética (MRI) los cerebros de 20 guerrilleros que justo habían completado su programa de alfabetización en español. Y los han comparado con los de otros 22 guerrilleros que aún no habían empezado el curso. Cinco áreas del córtex cerebral muestran más materia gris en los primeros. Dos de las áreas están implicadas en el procesamiento de la información visual y fonológica "de alto nivel". Las áreas visuales del córtex forman una serie jerárquica. La primera área recibe de la retina un vulgar informe de luces y sombras, pero entrega un mapa de fronteras entre luz y sombra, clasificadas por su orientación precisa. La siguiente recibe esas líneas y entrega polígonos, que la otra convierte en formas tridimensionales.
Un área recibe formas concretas (un cubo visto en cierta orientación) y entrega formas abstractas (un cubo visto en cualquier orientación). Más arriba en esa jerarquía hay pequeños grupos de neuronas que significan "Bill Clinton" o "Halle Berry", por citar dos ejemplos reales descubiertos por Christof Koch, un neurocientífico de Caltech (el instituto tecnológico de California). El reconocimiento de las letras y las palabras es otra de estas funciones de alto nivel. El lenguaje, sin embargo, no evolucionó asociado a la visión, sino al oído. Hasta hace 5.000 años, todo el lenguaje era hablado. El aprendizaje de la lectura debe conectar de algún modo la información visual -la forma de las letras y las palabras- con un dispositivo cerebral hecho para analizar sonidos, no imágenes. De ahí el aumento de materia gris en las áreas fonológicas del córtex cerebral.
Con todo, el efecto más notable ocurre en otra zona relacionada con la semántica: el giro angular, algo por detrás de la oreja. También hay cambios en el cuerpo calloso, el haz nervioso que conecta las dos mitades (hemisferios) del cerebro. En este caso no crece la materia gris (los cuerpos de las neuronas), sino la blanca (el conjunto de sus axones). La interpretación más simple es que estos axones extra provienen de los cuerpos neuronales extra de las áreas occipitales. Es decir, que aprender a leer no sólo agranda esas áreas en ambos hemisferios, sino también sus nexos entre un hemisferio y otro.
De hecho, Carreiras ha confirmado en otros voluntarios - 10 ingleses adultos que aprendieron a leer de niños- que el giro angular (y el giro dorsal occipital) izquierdo está fuertemente conectado con el derecho a través del cuerpo calloso. Más aún: a través de la misma zona precisa del cuerpo calloso que antes. Los resultados son muy específicos de la lectura. En un tercer experimento, también con ingleses adultos que aprendieron a leer de niños, los científicos han comparado las zonas cerebrales que se activan al leer y al reconocer objetos. Los dos giros angulares, izquierdo y derecho, aumentaron su conectividad al leer, pero no al reconocer objetos.
Los nuevos datos también descartan la hipótesis predominante sobre la función del giro angular. "La visión tradicional ha sido que el giro angular actúa como un diccionario que convierte las letras de una palabra en sonidos y en significados", explica Carreiras. "Pero nosotros mostramos ahora que su función es más de carácter predictivo, anticipando letras a partir del significado; es similar a la función predictiva para los mensajes del teléfono móvil".
Adaptado de https://elpais.com/diario/2009/10/15/sociedad/1255557601_8 50215.html
(Concurso Milagres/2018) No trecho “El lenguaje, sin embargo, no evolucionó asociado a la visión”. A palavra “Lenguaje” é heterogenérica, se compararmos o português e o espanhol. Pode-se encontrar outros exemplos na seguinte alternativa:
 

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