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Hallan los restos de un continente perdido,
enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
Al final del texto, inferimos que las pistas del Gran Adria
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Hallan los restos de un continente perdido,
enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
Según los investigadores, el continente Gran Adria
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Hallan los restos de un continente perdido,
enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
La revista Gondwana Research ha publicado un artículo sobre
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Hallan los restos de un continente perdido,
enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
Las pistas encontradas del Gran Adria, según el texto, son
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enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
De acuerdo con el primer párrafo del texto, el Gran Adria
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enterrados bajo el sur de Europa.
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Hasta ahora nadie se había dado cuenta, pero justo bajo los pies de los habitantes del sur de Europa, lo que incluye a la Península Ibérica, duermen los restos de un antiguo continente. Uno que se hundió hace mucho tiempo en las profundidades de la Tierra y cuya historia, 250 millones de años después, ha sido reconstruida paso a paso por un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocido como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores, que acaban de publicar su trabajo en la revista Gondwana Research, creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos para más tarde ser “raspadas” de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia “violenta y complicada”. De hecho, se separó del sur del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que hoy es África, América del Sur, Australia, la Antártida, el subcontinente indio y la Península Arábiga, hace la friolera de 240 millones de años. Y a partir de ese momento empezó a avanzar hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con lo que hoy es Europa, haciéndose añicos y siendo empujado debajo de nuestro continente. Sólo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer frente a una complicación adicional: las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y han resultado, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
El texto se refiere a un hallazgo estudiado por la
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Un eclipse lunar ocurrirá hoy: la hora y el lugar ideales para verlo desde Uruguay
(El País, Martes, 16 Julio 2019 10:30)
Exactamente cincuenta años después del lanzamiento del Apolo 11, el 16 de julio de 1969, una gran parte de los terrícolas podrán contemplar este martes un eclipse parcial de Luna. “El eclipse será visible desde África, desde una gran parte de Europa y de Asia, desde la parte oriental de América del Sur y la parte occidental de Australia”, precisa la Royal Astronomical Society (RAS) de Londres en un comunicado.
Un eclipse lunar tiene lugar cuando el Sol, la Tierra y la Luna están alineados y la luna queda en el cono de sombra producido por la Tierra. Este martes el eclipse será parcial, por lo que la Luna no quedará totalmente a oscuras. Pero “alrededor del 60% de la superficie visible de la Luna quedará cubierta por la sombra”, explica la RAS. Privada de los rayos del Sol, la Luna se ensombrece y adquiere un tono anaranjado, debido a que la atmósfera terrestre desvía los rayos rojos de la luz solar hacia el interior del cono de su sombra.
El eclipse parcial comenzará a las 20H01 GMT y llegará a su máximo a las 21H30 GMT. El espectáculo terminará a las 22H59 GMT. El fenómeno astronómico podrá contemplarse a simple vista, sin ningún peligro, al contrario de lo que ocurre con los eclipses de Sol. Unos prismáticos o un telescopio permitirán disfrutarlo plenamente, siempre y cuando las condiciones meteorológicas lo permitan. (…)
En Montevideo para observarlo el sitio ideal será uno con altura. “En el Cerro de Montevideo, mirando hacia la bahía, sería el lugar ideal”, dijo Méndez. Quien esté interesado en observar este fenómeno, agregó, debería ubicarse en un sitio desde el cual el horizonte oriental (es decir, mirando hacia el Este) esté despejado de obstáculos. Se podrá ver – si las condiciones climáticas acompañan - entre las 17:45 horas (momento en que saldrá la luna este martes) hasta las 19:59 horas. ¿En qué momento se debería ver con más claridad en Uruguay? A las 18:31 horas, cuando el mayor porcentaje de la superficie lunar estará cubierta por la sombra.
Relacione las columnas, en cuanto a las ideas principales y secundarias, y enseguida señale la alternativa que presenta el orden correcta.
Columna 1
( 1 ) Principal
( 2 ) Secundaria
Columna 2
( ) Se podrá ver el fenómeno astronómico a simple vista, sin ningún peligro.
( ) Habrá un eclipse parcial de la Luna.
( ) Desde que lugar el eclipse lunar será major visto en Montevideo.
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¿FLETAR UN CRUCERO HASTA EL BORDE DE LA TIERRA?
La Conferencia Internacional de Flat Earth (FEIC) ha anunciado que fletará un crucero el año que viene con el absurdo fin de llegar hasta los confines de la Tierra. Según una parte de los seguidores de esta corriente, que defiende que la Tierra no es redonda, el planeta acaba en un muro de hielo que nos separa del espacio exterior, al que pretenden llegar en el crucero. Será “la aventura más grande, más audaz y mejor hasta la fecha”, según la publicitan en la web.
La organización Flat Earth anunció el proyecto en su conferencia anual y así lo ha confirmado el periódico The Guardian. El excapitán de barco Henk Keijer cuenta en este periódico que el crucero lo tiene crudo para navegar porque todas las cartas náuticas y los sistemas de navegación están diseñados bajo la premisa de que la Tierra es redonda. Si la tripulación opina que el planeta no es esférico, la navegación podría convertirse en una tarea “muy complicada”.
“Los barcos navegan basándose en el principio de que la Tierra es redonda. Las cartas náuticas se diseñan con eso en mente: que la Tierra es redonda”, recuerda el excapitán, que añade que los barcos usan “un moderno sistema de navegación que se llama ECDIS, que proporciona una gran mejora en la seguridad de la navegación”.
Existen varias teorías dentro de las que creen que la Tierra es plana, aunque la principal afirma que, después de “una extensa experimentación, análisis e investigación”, la Tierra es un disco gigante con el polo norte en el centro y rodeado de “una barrera de pared de hielo: la Antártida”, según la sociedad terraplanista.
“Hasta donde sabemos, nadie ha logrado ir mucho más allá del muro de hielo y ha regresado para contarlo. Lo que sabemos es que rodea la Tierra, sirve para contener a los océanos y ayuda a protegernos de lo que pueda haber más allá”, asegura la Flatpedia, la Wikipedia de los terraplanistas.
Los organizadores del crucero advierten, por tanto, de que no garantizan llegar al muro, pero aseguran que los viajeros encontrarán “evidencias” suficientes para dar el viaje por bueno. Además de navegar al borde del precipicio, los terraplanistas podrán disfrutar de restaurantes y piscinas de olas para poder hacer surf.
En los foros terraplanistas han colgado fotos que “demuestran la existencia de dicho muro”. En realidad son grandes láminas de hielo ártico que, al desprenderse de forma cada vez más frecuente debido al calentamiento global, dejan grandes cortes verticales que se asemejan a murallas.
La Flat Earth Society asegura que “las agencias espaciales del mundo” han conspirado para falsificar “el viaje espacial y la exploración”. “Probablemente empezó durante la Guerra Fría. La U.R.S.S. y los Estados Unidos estaban obsesionados con ser los mejores en cuanto a llegar al espacio se refiere, hasta el punto de que cada uno fingía sus logros en un intento por seguir el ritmo de los supuestos logros del rival”, aseguran.
Adaptado de elpais.com, 12/01/2019.
después de “una extensa experimentación, análisis e investigación”, la Tierra es un disco gigante
En el enunciado arriba, las comillas se usan con la función de:
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