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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FEPESE
Orgão: Pref. Balneário Camboriú-SC
El Otro Yo (de Mario Benedetti)
1. Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
2. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
3. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehízo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
4. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó. Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
5. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable». El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Tomado de la Ciudad Seva. Casa digital del escritor Luis López Nieves.
https://ciudadseva.com/texto/el-otro-yo/
Con relación a la separación silábica de los vocablos subrayados (en los párrafos 1 y 2), “corriente”, “leía”, “ruido”, “siesta”, “deseo”, respectivamente, señale la alternativa correcta:
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FEPESE
Orgão: Pref. Balneário Camboriú-SC
El Otro Yo (de Mario Benedetti)
1. Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
2. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
3. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehízo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
4. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó. Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
5. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable». El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Tomado de la Ciudad Seva. Casa digital del escritor Luis López Nieves.
https://ciudadseva.com/texto/el-otro-yo/
En el tercer párrafo hay cinco verbos destacados en letra negrilla: supo - rehízo - insultó - dijo - había. En lo que se refiere a sus tiempos verbales, respectivamente, señale la alternativa correcta:
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FEPESE
Orgão: Pref. Balneário Camboriú-SC
El Otro Yo (de Mario Benedetti)
1. Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
2. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
3. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehízo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
4. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó. Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
5. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable». El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Tomado de la Ciudad Seva. Casa digital del escritor Luis López Nieves.
https://ciudadseva.com/texto/el-otro-yo/
De qué trata el texto “El Otro Yo”? Señale la alternativa correcta:
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Los niños son uno de los principales grupos de riesgo por accidentes de tráfico. Por este motivo, la educación vial dirigida a los menores resulta de gran importancia. De hecho, la edad temprana es el mejor momento para interiorizar valores y adquirir hábitos y comportamientos adecuados con los demás peatones, pasajeros y conductores de nuestro entorno. Asimismo, niños y adolescentes aprenden con mayor facilidad y absorben más rápidamente conocimientos que les ayudan a forjarse una visión de mundo. De este modo, incluir las normas de tráfico y de seguridad vial como parte de su formación puede ser una gran idea para promoverlas e inculcarlas desde bien pequeños.
El objetivo es sembrar en los menores la semilla del respeto a la vida, con el fin de provocar un cambio en la cultura cívica en cuanto a su comportamiento ciudadano, generando en ellos habilidades de autocuidado en su calidad de peatones, que es el primer rol que adoptarán en la vía pública.
El hecho de que los menores descubran la educación vial conlleva una serie de ventajas. Una muy relevante es que aprenden a identificar las principales señales de tráfico, ya que con esto interiorizan las normas viales desde pequeños, adquiriendo así habilidades y valores que luego normalizan. Sin duda, esto les ayuda también a saber cómo desenvolverse en las vías públicas y evitar accidentes como atropellos (hacer uso de los semáforos, los pasos de cebra, a no cruzar sin mirar a izquierda y a derecha, destreza para moverse por la ciudad sin peligro, entre otras). Actualmente, algunos establecimientos educacionales ya dedican tiempo a enseñar nociones básicas de educación vial.
La idea es recrear situaciones reales que el menor pueda encontrar tanto en un entorno rural como urbano para que de esta forma sepa lo que debe y no debe hacer en cada situación, cuál es el significado principal de las señales de tráfico con las que se encontrará en el camino, cuáles son las actitudes más seguras que podemos llevar a la práctica y, por supuesto, fomentar el respeto a los demás, uno de los valores que muchas veces tanto peatones como conductores no suelen tener en cuenta.
(www.iso-39001.cl. Adaptado.)
Um título adequado para o texto seria
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Los niños son uno de los principales grupos de riesgo por accidentes de tráfico. Por este motivo, la educación vial dirigida a los menores resulta de gran importancia. De hecho, la edad temprana es el mejor momento para interiorizar valores y adquirir hábitos y comportamientos adecuados con los demás peatones, pasajeros y conductores de nuestro entorno. Asimismo, niños y adolescentes aprenden con mayor facilidad y absorben más rápidamente conocimientos que les ayudan a forjarse una visión de mundo. De este modo, incluir las normas de tráfico y de seguridad vial como parte de su formación puede ser una gran idea para promoverlas e inculcarlas desde bien pequeños.
El objetivo es sembrar en los menores la semilla del respeto a la vida, con el fin de provocar un cambio en la cultura cívica en cuanto a su comportamiento ciudadano, generando en ellos habilidades de autocuidado en su calidad de peatones, que es el primer rol que adoptarán en la vía pública.
El hecho de que los menores descubran la educación vial conlleva una serie de ventajas. Una muy relevante es que aprenden a identificar las principales señales de tráfico, ya que con esto interiorizan las normas viales desde pequeños, adquiriendo así habilidades y valores que luego normalizan. Sin duda, esto les ayuda también a saber cómo desenvolverse en las vías públicas y evitar accidentes como atropellos (hacer uso de los semáforos, los pasos de cebra, a no cruzar sin mirar a izquierda y a derecha, destreza para moverse por la ciudad sin peligro, entre otras). Actualmente, algunos establecimientos educacionales ya dedican tiempo a enseñar nociones básicas de educación vial.
La idea es recrear situaciones reales que el menor pueda encontrar tanto en un entorno rural como urbano para que de esta forma sepa lo que debe y no debe hacer en cada situación, cuál es el significado principal de las señales de tráfico con las que se encontrará en el camino, cuáles son las actitudes más seguras que podemos llevar a la práctica y, por supuesto, fomentar el respeto a los demás, uno de los valores que muchas veces tanto peatones como conductores no suelen tener en cuenta.
(www.iso-39001.cl. Adaptado.)
El fragmento en el que el verbo subrayado podría sustituirse, sin alteración de sentido en el texto, por “imbuir” o “infundir” es
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Los niños son uno de los principales grupos de riesgo por accidentes de tráfico. Por este motivo, la educación vial dirigida a los menores resulta de gran importancia. De hecho, la edad temprana es el mejor momento para interiorizar valores y adquirir hábitos y comportamientos adecuados con los demás peatones, pasajeros y conductores de nuestro entorno. Asimismo, niños y adolescentes aprenden con mayor facilidad y absorben más rápidamente conocimientos que les ayudan a forjarse una visión de mundo. De este modo, incluir las normas de tráfico y de seguridad vial como parte de su formación puede ser una gran idea para promoverlas e inculcarlas desde bien pequeños.
El objetivo es sembrar en los menores la semilla del respeto a la vida, con el fin de provocar un cambio en la cultura cívica en cuanto a su comportamiento ciudadano, generando en ellos habilidades de autocuidado en su calidad de peatones, que es el primer rol que adoptarán en la vía pública.
El hecho de que los menores descubran la educación vial conlleva una serie de ventajas. Una muy relevante es que aprenden a identificar las principales señales de tráfico, ya que con esto interiorizan las normas viales desde pequeños, adquiriendo así habilidades y valores que luego normalizan. Sin duda, esto les ayuda también a saber cómo desenvolverse en las vías públicas y evitar accidentes como atropellos (hacer uso de los semáforos, los pasos de cebra, a no cruzar sin mirar a izquierda y a derecha, destreza para moverse por la ciudad sin peligro, entre otras). Actualmente, algunos establecimientos educacionales ya dedican tiempo a enseñar nociones básicas de educación vial.
La idea es recrear situaciones reales que el menor pueda encontrar tanto en un entorno rural como urbano para que de esta forma sepa lo que debe y no debe hacer en cada situación, cuál es el significado principal de las señales de tráfico con las que se encontrará en el camino, cuáles son las actitudes más seguras que podemos llevar a la práctica y, por supuesto, fomentar el respeto a los demás, uno de los valores que muchas veces tanto peatones como conductores no suelen tener en cuenta.
(www.iso-39001.cl. Adaptado.)
O último parágrafo do texto adverte que o respeito às pessoas
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Los niños son uno de los principales grupos de riesgo por accidentes de tráfico. Por este motivo, la educación vial dirigida a los menores resulta de gran importancia. De hecho, la edad temprana es el mejor momento para interiorizar valores y adquirir hábitos y comportamientos adecuados con los demás peatones, pasajeros y conductores de nuestro entorno. Asimismo, niños y adolescentes aprenden con mayor facilidad y absorben más rápidamente conocimientos que les ayudan a forjarse una visión de mundo. De este modo, incluir las normas de tráfico y de seguridad vial como parte de su formación puede ser una gran idea para promoverlas e inculcarlas desde bien pequeños.
El objetivo es sembrar en los menores la semilla del respeto a la vida, con el fin de provocar un cambio en la cultura cívica en cuanto a su comportamiento ciudadano, generando en ellos habilidades de autocuidado en su calidad de peatones, que es el primer rol que adoptarán en la vía pública.
El hecho de que los menores descubran la educación vial conlleva una serie de ventajas. Una muy relevante es que aprenden a identificar las principales señales de tráfico, ya que con esto interiorizan las normas viales desde pequeños, adquiriendo así habilidades y valores que luego normalizan. Sin duda, esto les ayuda también a saber cómo desenvolverse en las vías públicas y evitar accidentes como atropellos (hacer uso de los semáforos, los pasos de cebra, a no cruzar sin mirar a izquierda y a derecha, destreza para moverse por la ciudad sin peligro, entre otras). Actualmente, algunos establecimientos educacionales ya dedican tiempo a enseñar nociones básicas de educación vial.
La idea es recrear situaciones reales que el menor pueda encontrar tanto en un entorno rural como urbano para que de esta forma sepa lo que debe y no debe hacer en cada situación, cuál es el significado principal de las señales de tráfico con las que se encontrará en el camino, cuáles son las actitudes más seguras que podemos llevar a la práctica y, por supuesto, fomentar el respeto a los demás, uno de los valores que muchas veces tanto peatones como conductores no suelen tener en cuenta.
(www.iso-39001.cl. Adaptado.)
O objetivo do terceiro parágrafo é
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Los niños son uno de los principales grupos de riesgo por accidentes de tráfico. Por este motivo, la educación vial dirigida a los menores resulta de gran importancia. De hecho, la edad temprana es el mejor momento para interiorizar valores y adquirir hábitos y comportamientos adecuados con los demás peatones, pasajeros y conductores de nuestro entorno. Asimismo, niños y adolescentes aprenden con mayor facilidad y absorben más rápidamente conocimientos que les ayudan a forjarse una visión de mundo. De este modo, incluir las normas de tráfico y de seguridad vial como parte de su formación puede ser una gran idea para promoverlas e inculcarlas desde bien pequeños.
El objetivo es sembrar en los menores la semilla del respeto a la vida, con el fin de provocar un cambio en la cultura cívica en cuanto a su comportamiento ciudadano, generando en ellos habilidades de autocuidado en su calidad de peatones, que es el primer rol que adoptarán en la vía pública.
El hecho de que los menores descubran la educación vial conlleva una serie de ventajas. Una muy relevante es que aprenden a identificar las principales señales de tráfico, ya que con esto interiorizan las normas viales desde pequeños, adquiriendo así habilidades y valores que luego normalizan. Sin duda, esto les ayuda también a saber cómo desenvolverse en las vías públicas y evitar accidentes como atropellos (hacer uso de los semáforos, los pasos de cebra, a no cruzar sin mirar a izquierda y a derecha, destreza para moverse por la ciudad sin peligro, entre otras). Actualmente, algunos establecimientos educacionales ya dedican tiempo a enseñar nociones básicas de educación vial.
La idea es recrear situaciones reales que el menor pueda encontrar tanto en un entorno rural como urbano para que de esta forma sepa lo que debe y no debe hacer en cada situación, cuál es el significado principal de las señales de tráfico con las que se encontrará en el camino, cuáles son las actitudes más seguras que podemos llevar a la práctica y, por supuesto, fomentar el respeto a los demás, uno de los valores que muchas veces tanto peatones como conductores no suelen tener en cuenta.
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La utilización de la palabra “semilla” en el segundo párrafo le permite al autor del texto
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Los niños son uno de los principales grupos de riesgo por accidentes de tráfico. Por este motivo, la educación vial dirigida a los menores resulta de gran importancia. De hecho, la edad temprana es el mejor momento para interiorizar valores y adquirir hábitos y comportamientos adecuados con los demás peatones, pasajeros y conductores de nuestro entorno. Asimismo, niños y adolescentes aprenden con mayor facilidad y absorben más rápidamente conocimientos que les ayudan a forjarse una visión de mundo. De este modo, incluir las normas de tráfico y de seguridad vial como parte de su formación puede ser una gran idea para promoverlas e inculcarlas desde bien pequeños.
El objetivo es sembrar en los menores la semilla del respeto a la vida, con el fin de provocar un cambio en la cultura cívica en cuanto a su comportamiento ciudadano, generando en ellos habilidades de autocuidado en su calidad de peatones, que es el primer rol que adoptarán en la vía pública.
El hecho de que los menores descubran la educación vial conlleva una serie de ventajas. Una muy relevante es que aprenden a identificar las principales señales de tráfico, ya que con esto interiorizan las normas viales desde pequeños, adquiriendo así habilidades y valores que luego normalizan. Sin duda, esto les ayuda también a saber cómo desenvolverse en las vías públicas y evitar accidentes como atropellos (hacer uso de los semáforos, los pasos de cebra, a no cruzar sin mirar a izquierda y a derecha, destreza para moverse por la ciudad sin peligro, entre otras). Actualmente, algunos establecimientos educacionales ya dedican tiempo a enseñar nociones básicas de educación vial.
La idea es recrear situaciones reales que el menor pueda encontrar tanto en un entorno rural como urbano para que de esta forma sepa lo que debe y no debe hacer en cada situación, cuál es el significado principal de las señales de tráfico con las que se encontrará en el camino, cuáles son las actitudes más seguras que podemos llevar a la práctica y, por supuesto, fomentar el respeto a los demás, uno de los valores que muchas veces tanto peatones como conductores no suelen tener en cuenta.
(www.iso-39001.cl. Adaptado.)
El operador “De hecho” que aparece en el primer párrafo hace referencia
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Con relación a la interferencia, señale la alternativa correcta:
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