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¿QUÉ ES LA VIDA?
Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?
Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.
Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.
En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?
Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.
“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.
Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.
ELENA SANZ
Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.
El texto discute lo complejo que puede ser comprender la vida.
Tal como lo destacan las citas de Forrest Gump y John Lennon en los últimos párrafos, la vida implicaría fundamentalmente el sentimiento de:
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TEXTO II
Ozempic, la droga que aprieta cinturones y llena bolsillos
Los titulares saltaron de las revistas científicas a las del corazón. Los agonistas del GLP1, una familia de fármacos que se comercializaba bajo distintas marcas como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, se rebautizaron con un nombre mucho más sexy: “La droga de Hollywood”. Se dejó de hablar de cómo podían ayudar a personas con diabetes tipo 2 a regular sus niveles de azúcar en sangre para destacar un fabuloso efecto secundario: ayudaban a perder hasta un 15% de peso. Oliver, un tinerfeño de 42 años, leyó una de estas revistas y se fue directo a la consulta. “Vi que el de Tesla [el empresario Elon Musk] se lo pinchaba y a él le había funcionado”, explica en conversación telefónica. “Así que pedí una cita con mi médico de cabecera y de ahí me derivaron al endocrino”.
Una de las particularidades que ha hecho que la conversación sobre este tipo de fármacos sea un poco confusa es que sus usuarios más destacados son famosos que aparentemente no los necesitan y que mayoritariamente reniegan de su uso. El ejemplo más paradigmático es el de las Kardashian. El clan familiar que había definido el ideal estético femenino los últimos años, reivindicando las curvas de forma casi militante, empezó a desinflarse ante nuestros ojos. Medio Hollywood (la mitad que no estaba ya en los huesos) fue detrás. Pero casi nadie lo reconoció. Pronto quedó claro que uno de los efectos secundarios de los agonistas del GLP1 era la vergüenza. Todo el mundo hablaba de Ozempic, pero nadie confesaba estar usándolo. Era un rumor, no una realidad.
Aunque algunos usuarios tienen motivos para esconderlo. La escasez de estos fármacos ha puesto de manifiesto una tensión social entre la búsqueda de ayudas para controlar una enfermedad, la diabetes, que está tomando tintes de pandemia y su uso en casos de obesidad, puerta de entrada a esta y otras muchas enfermedades. El mercado negro y algunos profesionales poco éticos han extendido la demanda de estos medicamentos aún más, haciendo que personas que quieren adelgazar unos kilos compitan por unas pocas dosis con diabéticos y obesos con problemas de salud.
Estos medicamentos son la punta de lanza de lo que está por llegar. Los analistas hablan de una “fiebre del oro de la obesidad” y consideran que el mercado de GLP1 podría alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2031 (una cifra similar a lo que mueven los medicamentos para el cáncer). Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando. El gasto sanitario relacionado con la diabetes supera los 13.430 millones de euros en España según los cálculos de la Federación Internacional de Diabetes. La obesidad, por su parte, afecta a millones de personas y es la puerta de entrada a más de 200 enfermedades y problemas cardiovasculares. Tratarlos se come el 9,7% del total del gasto sanitario en España, según la OCDE.
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-09/ozempic-la-droga-que-aprieta-cinturones-y-llena-bolsillos.html
En el fragmento, “Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando.”, el término destacado hace referencia al vocablo
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TEXTO II
Ozempic, la droga que aprieta cinturones y llena bolsillos
Los titulares saltaron de las revistas científicas a las del corazón. Los agonistas del GLP1, una familia de fármacos que se comercializaba bajo distintas marcas como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, se rebautizaron con un nombre mucho más sexy: “La droga de Hollywood”. Se dejó de hablar de cómo podían ayudar a personas con diabetes tipo 2 a regular sus niveles de azúcar en sangre para destacar un fabuloso efecto secundario: ayudaban a perder hasta un 15% de peso. Oliver, un tinerfeño de 42 años, leyó una de estas revistas y se fue directo a la consulta. “Vi que el de Tesla [el empresario Elon Musk] se lo pinchaba y a él le había funcionado”, explica en conversación telefónica. “Así que pedí una cita con mi médico de cabecera y de ahí me derivaron al endocrino”.
Una de las particularidades que ha hecho que la conversación sobre este tipo de fármacos sea un poco confusa es que sus usuarios más destacados son famosos que aparentemente no los necesitan y que mayoritariamente reniegan de su uso. El ejemplo más paradigmático es el de las Kardashian. El clan familiar que había definido el ideal estético femenino los últimos años, reivindicando las curvas de forma casi militante, empezó a desinflarse ante nuestros ojos. Medio Hollywood (la mitad que no estaba ya en los huesos) fue detrás. Pero casi nadie lo reconoció. Pronto quedó claro que uno de los efectos secundarios de los agonistas del GLP1 era la vergüenza. Todo el mundo hablaba de Ozempic, pero nadie confesaba estar usándolo. Era un rumor, no una realidad.
Aunque algunos usuarios tienen motivos para esconderlo. La escasez de estos fármacos ha puesto de manifiesto una tensión social entre la búsqueda de ayudas para controlar una enfermedad, la diabetes, que está tomando tintes de pandemia y su uso en casos de obesidad, puerta de entrada a esta y otras muchas enfermedades. El mercado negro y algunos profesionales poco éticos han extendido la demanda de estos medicamentos aún más, haciendo que personas que quieren adelgazar unos kilos compitan por unas pocas dosis con diabéticos y obesos con problemas de salud.
Estos medicamentos son la punta de lanza de lo que está por llegar. Los analistas hablan de una “fiebre del oro de la obesidad” y consideran que el mercado de GLP1 podría alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2031 (una cifra similar a lo que mueven los medicamentos para el cáncer). Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando. El gasto sanitario relacionado con la diabetes supera los 13.430 millones de euros en España según los cálculos de la Federación Internacional de Diabetes. La obesidad, por su parte, afecta a millones de personas y es la puerta de entrada a más de 200 enfermedades y problemas cardiovasculares. Tratarlos se come el 9,7% del total del gasto sanitario en España, según la OCDE.
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-09/ozempic-la-droga-que-aprieta-cinturones-y-llena-bolsillos.html
En el fragmento, “Aunque algunos usuarios tienen motivos...” (cuarto párrafo), el marcador destacado puede sustituirse, en español, sin alterarle el significado, por
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TEXTO II
Ozempic, la droga que aprieta cinturones y llena bolsillos
Los titulares saltaron de las revistas científicas a las del corazón. Los agonistas del GLP1, una familia de fármacos que se comercializaba bajo distintas marcas como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, se rebautizaron con un nombre mucho más sexy: “La droga de Hollywood”. Se dejó de hablar de cómo podían ayudar a personas con diabetes tipo 2 a regular sus niveles de azúcar en sangre para destacar un fabuloso efecto secundario: ayudaban a perder hasta un 15% de peso. Oliver, un tinerfeño de 42 años, leyó una de estas revistas y se fue directo a la consulta. “Vi que el de Tesla [el empresario Elon Musk] se lo pinchaba y a él le había funcionado”, explica en conversación telefónica. “Así que pedí una cita con mi médico de cabecera y de ahí me derivaron al endocrino”.
Una de las particularidades que ha hecho que la conversación sobre este tipo de fármacos sea un poco confusa es que sus usuarios más destacados son famosos que aparentemente no los necesitan y que mayoritariamente reniegan de su uso. El ejemplo más paradigmático es el de las Kardashian. El clan familiar que había definido el ideal estético femenino los últimos años, reivindicando las curvas de forma casi militante, empezó a desinflarse ante nuestros ojos. Medio Hollywood (la mitad que no estaba ya en los huesos) fue detrás. Pero casi nadie lo reconoció. Pronto quedó claro que uno de los efectos secundarios de los agonistas del GLP1 era la vergüenza. Todo el mundo hablaba de Ozempic, pero nadie confesaba estar usándolo. Era un rumor, no una realidad.
Aunque algunos usuarios tienen motivos para esconderlo. La escasez de estos fármacos ha puesto de manifiesto una tensión social entre la búsqueda de ayudas para controlar una enfermedad, la diabetes, que está tomando tintes de pandemia y su uso en casos de obesidad, puerta de entrada a esta y otras muchas enfermedades. El mercado negro y algunos profesionales poco éticos han extendido la demanda de estos medicamentos aún más, haciendo que personas que quieren adelgazar unos kilos compitan por unas pocas dosis con diabéticos y obesos con problemas de salud.
Estos medicamentos son la punta de lanza de lo que está por llegar. Los analistas hablan de una “fiebre del oro de la obesidad” y consideran que el mercado de GLP1 podría alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2031 (una cifra similar a lo que mueven los medicamentos para el cáncer). Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando. El gasto sanitario relacionado con la diabetes supera los 13.430 millones de euros en España según los cálculos de la Federación Internacional de Diabetes. La obesidad, por su parte, afecta a millones de personas y es la puerta de entrada a más de 200 enfermedades y problemas cardiovasculares. Tratarlos se come el 9,7% del total del gasto sanitario en España, según la OCDE.
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-09/ozempic-la-droga-que-aprieta-cinturones-y-llena-bolsillos.html
A continuación, leerá algunas informaciones respecto a los fármacos mencionados en el texto.
I. Los análogos de los GLP1 permiten prolongar los efectos por más tiempo.
II. Los fármacos convencionales para la diabetes también tienen el efecto secundario de adelgazar.
III. El GLP1 natural provoca una sensación que dura pocos minutos.
Señale:
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TEXTO II
Ozempic, la droga que aprieta cinturones y llena bolsillos
Los titulares saltaron de las revistas científicas a las del corazón. Los agonistas del GLP1, una familia de fármacos que se comercializaba bajo distintas marcas como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, se rebautizaron con un nombre mucho más sexy: “La droga de Hollywood”. Se dejó de hablar de cómo podían ayudar a personas con diabetes tipo 2 a regular sus niveles de azúcar en sangre para destacar un fabuloso efecto secundario: ayudaban a perder hasta un 15% de peso. Oliver, un tinerfeño de 42 años, leyó una de estas revistas y se fue directo a la consulta. “Vi que el de Tesla [el empresario Elon Musk] se lo pinchaba y a él le había funcionado”, explica en conversación telefónica. “Así que pedí una cita con mi médico de cabecera y de ahí me derivaron al endocrino”.
Una de las particularidades que ha hecho que la conversación sobre este tipo de fármacos sea un poco confusa es que sus usuarios más destacados son famosos que aparentemente no los necesitan y que mayoritariamente reniegan de su uso. El ejemplo más paradigmático es el de las Kardashian. El clan familiar que había definido el ideal estético femenino los últimos años, reivindicando las curvas de forma casi militante, empezó a desinflarse ante nuestros ojos. Medio Hollywood (la mitad que no estaba ya en los huesos) fue detrás. Pero casi nadie lo reconoció. Pronto quedó claro que uno de los efectos secundarios de los agonistas del GLP1 era la vergüenza. Todo el mundo hablaba de Ozempic, pero nadie confesaba estar usándolo. Era un rumor, no una realidad.
Aunque algunos usuarios tienen motivos para esconderlo. La escasez de estos fármacos ha puesto de manifiesto una tensión social entre la búsqueda de ayudas para controlar una enfermedad, la diabetes, que está tomando tintes de pandemia y su uso en casos de obesidad, puerta de entrada a esta y otras muchas enfermedades. El mercado negro y algunos profesionales poco éticos han extendido la demanda de estos medicamentos aún más, haciendo que personas que quieren adelgazar unos kilos compitan por unas pocas dosis con diabéticos y obesos con problemas de salud.
Estos medicamentos son la punta de lanza de lo que está por llegar. Los analistas hablan de una “fiebre del oro de la obesidad” y consideran que el mercado de GLP1 podría alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2031 (una cifra similar a lo que mueven los medicamentos para el cáncer). Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando. El gasto sanitario relacionado con la diabetes supera los 13.430 millones de euros en España según los cálculos de la Federación Internacional de Diabetes. La obesidad, por su parte, afecta a millones de personas y es la puerta de entrada a más de 200 enfermedades y problemas cardiovasculares. Tratarlos se come el 9,7% del total del gasto sanitario en España, según la OCDE.
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-09/ozempic-la-droga-que-aprieta-cinturones-y-llena-bolsillos.html
En el texto, la expresión “La droga de Hollywood” se usa para concluir una crítica al (a la)
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TEXTO I
Las neuronas que nos abren el apetito: una nueva vía para tratar el sobrepeso y la anorexia
Tal vez empiece con una sensación de falta de energía, o quizás se sienta un poco irritable. Puede que tenga dolor de cabeza o dificultad para concentrarse. Su cerebro le está enviando un mensaje: tiene hambre, busque comida. Estudios realizados en ratones han identificado un grupo de células denominadas neuronas AgRP, situadas cerca de la parte inferior del cerebro, que pueden provocar esta desagradable sensación de hambre. Se encuentran cerca del suministro de sangre al cerebro, lo que les da acceso a las hormonas procedentes del estómago y el tejido adiposo que indican los niveles de energía. Cuando la energía es escasa, actúan sobre otras áreas cerebrales para promover la alimentación.
Escuchando a escondidas las neuronas AgRP en ratones, los científicos han empezado a desentrañar cómo estas células se activan y animan a los animales a buscar comida cuando tienen pocos nutrientes, y cómo detectan la llegada de alimentos al intestino para volver a desactivarse. Los investigadores también han descubierto que la actividad de las neuronas AgRP se altera en ratones con síntomas similares a los de la anorexia, y que la activación de estas neuronas puede ayudar a restablecer los patrones alimentarios normales en esos animales.
Entender y manipular las neuronas AgRP podría llevar a nuevos tratamientos tanto para la anorexia como para la sobrealimentación. “Si pudiéramos controlar esta sensación de hambre, podríamos controlar mejor nuestras dietas”, afirma Amber Alhadeff, neurocientífica del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia.
El trampolín de las redes sociales a los trastornos alimentarios
Las neuronas AgRP parecen desempeñar un papel clave en el apetito: al desactivarlas en ratones adultos, los animales dejan de comer e incluso pueden morir de inanición. Por el contrario, si los investigadores activan las neuronas, los ratones saltan a sus platos y se atiborran de comida.
Experimentos realizados en varios laboratorios en 2015 ya habían ayudado a ilustrar lo que hacen las neuronas AgRP. Los investigadores descubrieron que cuando los ratones no habían comido lo suficiente, las neuronas AgRP se disparaban con más frecuencia. Pero bastaba con ver u oler comida (especialmente algo delicioso, como la mantequilla de cacahuete o el chocolate) para que esta actividad disminuyera en cuestión de segundos. Los científicos concluyeron que las neuronas AgRP hacen que los animales busquen comida. Una vez encontrada la comida, dejan de disparar con la misma intensidad.
Un equipo de investigación, dirigido por el neurocientífico Scott Sternson, del Janelia Research Campus de Ashburn, Virginia, también demostró que la actividad de las neuronas AgRP parece hacer que los ratones se sientan mal. Para demostrarlo, los científicos modificaron genéticamente ratones para que las neuronas AgRP empezaran a dispararse cuando se les iluminaba el cerebro con una fibra óptica (la fibra aún permitía a los ratones moverse libremente). Colocaron estos ratones modificados en una caja con dos zonas distintas: una de color negro con un suelo de rejilla de plástico y otra blanca con un suelo blando de papel de seda. Si los investigadores activaban las neuronas AgRP cada vez que los ratones entraban en una de las dos zonas, los ratones empezaban a evitar esa región.
Sternson, que ahora trabaja en la Universidad de California en San Diego, concluyó que la activación del AgRP resultaba “ligeramente desagradable”. Eso tiene sentido en la naturaleza, dice: cada vez que un ratón abandona su nido, corre el riesgo de ser atacado por depredadores, pero debe superar ese miedo para buscar comida y alimentarse. “Estas neuronas AgRP son una especie de empujón para que, en un entorno peligroso, salgas a buscar comida para mantenerte con vida.”
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-06/las-neuronas-que-nos-abren-el-apetito-una-nueva-via-para-tratar-el-sobrepeso-y-la-anorexia.html
A continuación, leerá algunas informaciones respecto a la investigación realizada en Virginia mencionada en el texto.
I. Los ratones fueron modificados geneticamente.
II. Cuando se activaban las neuronas, los ratones evitaban las dos zonas de la prueba.
III. La activación de las neuronas provocaba una sensación no muy buena.
Señale:
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TEXTO I
Las neuronas que nos abren el apetito: una nueva vía para tratar el sobrepeso y la anorexia
Tal vez empiece con una sensación de falta de energía, o quizás se sienta un poco irritable. Puede que tenga dolor de cabeza o dificultad para concentrarse. Su cerebro le está enviando un mensaje: tiene hambre, busque comida. Estudios realizados en ratones han identificado un grupo de células denominadas neuronas AgRP, situadas cerca de la parte inferior del cerebro, que pueden provocar esta desagradable sensación de hambre. Se encuentran cerca del suministro de sangre al cerebro, lo que les da acceso a las hormonas procedentes del estómago y el tejido adiposo que indican los niveles de energía. Cuando la energía es escasa, actúan sobre otras áreas cerebrales para promover la alimentación.
Escuchando a escondidas las neuronas AgRP en ratones, los científicos han empezado a desentrañar cómo estas células se activan y animan a los animales a buscar comida cuando tienen pocos nutrientes, y cómo detectan la llegada de alimentos al intestino para volver a desactivarse. Los investigadores también han descubierto que la actividad de las neuronas AgRP se altera en ratones con síntomas similares a los de la anorexia, y que la activación de estas neuronas puede ayudar a restablecer los patrones alimentarios normales en esos animales.
Entender y manipular las neuronas AgRP podría llevar a nuevos tratamientos tanto para la anorexia como para la sobrealimentación. “Si pudiéramos controlar esta sensación de hambre, podríamos controlar mejor nuestras dietas”, afirma Amber Alhadeff, neurocientífica del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia.
El trampolín de las redes sociales a los trastornos alimentarios
Las neuronas AgRP parecen desempeñar un papel clave en el apetito: al desactivarlas en ratones adultos, los animales dejan de comer e incluso pueden morir de inanición. Por el contrario, si los investigadores activan las neuronas, los ratones saltan a sus platos y se atiborran de comida.
Experimentos realizados en varios laboratorios en 2015 ya habían ayudado a ilustrar lo que hacen las neuronas AgRP. Los investigadores descubrieron que cuando los ratones no habían comido lo suficiente, las neuronas AgRP se disparaban con más frecuencia. Pero bastaba con ver u oler comida (especialmente algo delicioso, como la mantequilla de cacahuete o el chocolate) para que esta actividad disminuyera en cuestión de segundos. Los científicos concluyeron que las neuronas AgRP hacen que los animales busquen comida. Una vez encontrada la comida, dejan de disparar con la misma intensidad.
Un equipo de investigación, dirigido por el neurocientífico Scott Sternson, del Janelia Research Campus de Ashburn, Virginia, también demostró que la actividad de las neuronas AgRP parece hacer que los ratones se sientan mal. Para demostrarlo, los científicos modificaron genéticamente ratones para que las neuronas AgRP empezaran a dispararse cuando se les iluminaba el cerebro con una fibra óptica (la fibra aún permitía a los ratones moverse libremente). Colocaron estos ratones modificados en una caja con dos zonas distintas: una de color negro con un suelo de rejilla de plástico y otra blanca con un suelo blando de papel de seda. Si los investigadores activaban las neuronas AgRP cada vez que los ratones entraban en una de las dos zonas, los ratones empezaban a evitar esa región.
Sternson, que ahora trabaja en la Universidad de California en San Diego, concluyó que la activación del AgRP resultaba “ligeramente desagradable”. Eso tiene sentido en la naturaleza, dice: cada vez que un ratón abandona su nido, corre el riesgo de ser atacado por depredadores, pero debe superar ese miedo para buscar comida y alimentarse. “Estas neuronas AgRP son una especie de empujón para que, en un entorno peligroso, salgas a buscar comida para mantenerte con vida.”
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-06/las-neuronas-que-nos-abren-el-apetito-una-nueva-via-para-tratar-el-sobrepeso-y-la-anorexia.html
En el fragmento, “Pero bastaba con ver u oler comida (especialmente algo delicioso,” la conjunción destacada puede sustituirse, en español, sin alterarle el significado, por
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TEXTO I
Las neuronas que nos abren el apetito: una nueva vía para tratar el sobrepeso y la anorexia
Tal vez empiece con una sensación de falta de energía, o quizás se sienta un poco irritable. Puede que tenga dolor de cabeza o dificultad para concentrarse. Su cerebro le está enviando un mensaje: tiene hambre, busque comida. Estudios realizados en ratones han identificado un grupo de células denominadas neuronas AgRP, situadas cerca de la parte inferior del cerebro, que pueden provocar esta desagradable sensación de hambre. Se encuentran cerca del suministro de sangre al cerebro, lo que les da acceso a las hormonas procedentes del estómago y el tejido adiposo que indican los niveles de energía. Cuando la energía es escasa, actúan sobre otras áreas cerebrales para promover la alimentación.
Escuchando a escondidas las neuronas AgRP en ratones, los científicos han empezado a desentrañar cómo estas células se activan y animan a los animales a buscar comida cuando tienen pocos nutrientes, y cómo detectan la llegada de alimentos al intestino para volver a desactivarse. Los investigadores también han descubierto que la actividad de las neuronas AgRP se altera en ratones con síntomas similares a los de la anorexia, y que la activación de estas neuronas puede ayudar a restablecer los patrones alimentarios normales en esos animales.
Entender y manipular las neuronas AgRP podría llevar a nuevos tratamientos tanto para la anorexia como para la sobrealimentación. “Si pudiéramos controlar esta sensación de hambre, podríamos controlar mejor nuestras dietas”, afirma Amber Alhadeff, neurocientífica del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia.
El trampolín de las redes sociales a los trastornos alimentarios
Las neuronas AgRP parecen desempeñar un papel clave en el apetito: al desactivarlas en ratones adultos, los animales dejan de comer e incluso pueden morir de inanición. Por el contrario, si los investigadores activan las neuronas, los ratones saltan a sus platos y se atiborran de comida.
Experimentos realizados en varios laboratorios en 2015 ya habían ayudado a ilustrar lo que hacen las neuronas AgRP. Los investigadores descubrieron que cuando los ratones no habían comido lo suficiente, las neuronas AgRP se disparaban con más frecuencia. Pero bastaba con ver u oler comida (especialmente algo delicioso, como la mantequilla de cacahuete o el chocolate) para que esta actividad disminuyera en cuestión de segundos. Los científicos concluyeron que las neuronas AgRP hacen que los animales busquen comida. Una vez encontrada la comida, dejan de disparar con la misma intensidad.
Un equipo de investigación, dirigido por el neurocientífico Scott Sternson, del Janelia Research Campus de Ashburn, Virginia, también demostró que la actividad de las neuronas AgRP parece hacer que los ratones se sientan mal. Para demostrarlo, los científicos modificaron genéticamente ratones para que las neuronas AgRP empezaran a dispararse cuando se les iluminaba el cerebro con una fibra óptica (la fibra aún permitía a los ratones moverse libremente). Colocaron estos ratones modificados en una caja con dos zonas distintas: una de color negro con un suelo de rejilla de plástico y otra blanca con un suelo blando de papel de seda. Si los investigadores activaban las neuronas AgRP cada vez que los ratones entraban en una de las dos zonas, los ratones empezaban a evitar esa región.
Sternson, que ahora trabaja en la Universidad de California en San Diego, concluyó que la activación del AgRP resultaba “ligeramente desagradable”. Eso tiene sentido en la naturaleza, dice: cada vez que un ratón abandona su nido, corre el riesgo de ser atacado por depredadores, pero debe superar ese miedo para buscar comida y alimentarse. “Estas neuronas AgRP son una especie de empujón para que, en un entorno peligroso, salgas a buscar comida para mantenerte con vida.”
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-06/las-neuronas-que-nos-abren-el-apetito-una-nueva-via-para-tratar-el-sobrepeso-y-la-anorexia.html
En el fragmento, “ya habían ayudado a ilustrar”, la forma verbal destacada hace referencia a un evento
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Las neuronas que nos abren el apetito: una nueva vía para tratar el sobrepeso y la anorexia
Tal vez empiece con una sensación de falta de energía, o quizás se sienta un poco irritable. Puede que tenga dolor de cabeza o dificultad para concentrarse. Su cerebro le está enviando un mensaje: tiene hambre, busque comida. Estudios realizados en ratones han identificado un grupo de células denominadas neuronas AgRP, situadas cerca de la parte inferior del cerebro, que pueden provocar esta desagradable sensación de hambre. Se encuentran cerca del suministro de sangre al cerebro, lo que les da acceso a las hormonas procedentes del estómago y el tejido adiposo que indican los niveles de energía. Cuando la energía es escasa, actúan sobre otras áreas cerebrales para promover la alimentación.
Escuchando a escondidas las neuronas AgRP en ratones, los científicos han empezado a desentrañar cómo estas células se activan y animan a los animales a buscar comida cuando tienen pocos nutrientes, y cómo detectan la llegada de alimentos al intestino para volver a desactivarse. Los investigadores también han descubierto que la actividad de las neuronas AgRP se altera en ratones con síntomas similares a los de la anorexia, y que la activación de estas neuronas puede ayudar a restablecer los patrones alimentarios normales en esos animales.
Entender y manipular las neuronas AgRP podría llevar a nuevos tratamientos tanto para la anorexia como para la sobrealimentación. “Si pudiéramos controlar esta sensación de hambre, podríamos controlar mejor nuestras dietas”, afirma Amber Alhadeff, neurocientífica del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia.
El trampolín de las redes sociales a los trastornos alimentarios
Las neuronas AgRP parecen desempeñar un papel clave en el apetito: al desactivarlas en ratones adultos, los animales dejan de comer e incluso pueden morir de inanición. Por el contrario, si los investigadores activan las neuronas, los ratones saltan a sus platos y se atiborran de comida.
Experimentos realizados en varios laboratorios en 2015 ya habían ayudado a ilustrar lo que hacen las neuronas AgRP. Los investigadores descubrieron que cuando los ratones no habían comido lo suficiente, las neuronas AgRP se disparaban con más frecuencia. Pero bastaba con ver u oler comida (especialmente algo delicioso, como la mantequilla de cacahuete o el chocolate) para que esta actividad disminuyera en cuestión de segundos. Los científicos concluyeron que las neuronas AgRP hacen que los animales busquen comida. Una vez encontrada la comida, dejan de disparar con la misma intensidad.
Un equipo de investigación, dirigido por el neurocientífico Scott Sternson, del Janelia Research Campus de Ashburn, Virginia, también demostró que la actividad de las neuronas AgRP parece hacer que los ratones se sientan mal. Para demostrarlo, los científicos modificaron genéticamente ratones para que las neuronas AgRP empezaran a dispararse cuando se les iluminaba el cerebro con una fibra óptica (la fibra aún permitía a los ratones moverse libremente). Colocaron estos ratones modificados en una caja con dos zonas distintas: una de color negro con un suelo de rejilla de plástico y otra blanca con un suelo blando de papel de seda. Si los investigadores activaban las neuronas AgRP cada vez que los ratones entraban en una de las dos zonas, los ratones empezaban a evitar esa región.
Sternson, que ahora trabaja en la Universidad de California en San Diego, concluyó que la activación del AgRP resultaba “ligeramente desagradable”. Eso tiene sentido en la naturaleza, dice: cada vez que un ratón abandona su nido, corre el riesgo de ser atacado por depredadores, pero debe superar ese miedo para buscar comida y alimentarse. “Estas neuronas AgRP son una especie de empujón para que, en un entorno peligroso, salgas a buscar comida para mantenerte con vida.”
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-06/las-neuronas-que-nos-abren-el-apetito-una-nueva-via-para-tratar-el-sobrepeso-y-la-anorexia.html
En el fragmento, “Se encuentran cerca del suministro de sangre al cérebro...”, el vocablo destacado puede sustituirse, en español, sin alterarle el significado por
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TEXTO I
Las neuronas que nos abren el apetito: una nueva vía para tratar el sobrepeso y la anorexia
Tal vez empiece con una sensación de falta de energía, o quizás se sienta un poco irritable. Puede que tenga dolor de cabeza o dificultad para concentrarse. Su cerebro le está enviando un mensaje: tiene hambre, busque comida. Estudios realizados en ratones han identificado un grupo de células denominadas neuronas AgRP, situadas cerca de la parte inferior del cerebro, que pueden provocar esta desagradable sensación de hambre. Se encuentran cerca del suministro de sangre al cerebro, lo que les da acceso a las hormonas procedentes del estómago y el tejido adiposo que indican los niveles de energía. Cuando la energía es escasa, actúan sobre otras áreas cerebrales para promover la alimentación.
Escuchando a escondidas las neuronas AgRP en ratones, los científicos han empezado a desentrañar cómo estas células se activan y animan a los animales a buscar comida cuando tienen pocos nutrientes, y cómo detectan la llegada de alimentos al intestino para volver a desactivarse. Los investigadores también han descubierto que la actividad de las neuronas AgRP se altera en ratones con síntomas similares a los de la anorexia, y que la activación de estas neuronas puede ayudar a restablecer los patrones alimentarios normales en esos animales.
Entender y manipular las neuronas AgRP podría llevar a nuevos tratamientos tanto para la anorexia como para la sobrealimentación. “Si pudiéramos controlar esta sensación de hambre, podríamos controlar mejor nuestras dietas”, afirma Amber Alhadeff, neurocientífica del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia.
El trampolín de las redes sociales a los trastornos alimentarios
Las neuronas AgRP parecen desempeñar un papel clave en el apetito: al desactivarlas en ratones adultos, los animales dejan de comer e incluso pueden morir de inanición. Por el contrario, si los investigadores activan las neuronas, los ratones saltan a sus platos y se atiborran de comida.
Experimentos realizados en varios laboratorios en 2015 ya habían ayudado a ilustrar lo que hacen las neuronas AgRP. Los investigadores descubrieron que cuando los ratones no habían comido lo suficiente, las neuronas AgRP se disparaban con más frecuencia. Pero bastaba con ver u oler comida (especialmente algo delicioso, como la mantequilla de cacahuete o el chocolate) para que esta actividad disminuyera en cuestión de segundos. Los científicos concluyeron que las neuronas AgRP hacen que los animales busquen comida. Una vez encontrada la comida, dejan de disparar con la misma intensidad.
Un equipo de investigación, dirigido por el neurocientífico Scott Sternson, del Janelia Research Campus de Ashburn, Virginia, también demostró que la actividad de las neuronas AgRP parece hacer que los ratones se sientan mal. Para demostrarlo, los científicos modificaron genéticamente ratones para que las neuronas AgRP empezaran a dispararse cuando se les iluminaba el cerebro con una fibra óptica (la fibra aún permitía a los ratones moverse libremente). Colocaron estos ratones modificados en una caja con dos zonas distintas: una de color negro con un suelo de rejilla de plástico y otra blanca con un suelo blando de papel de seda. Si los investigadores activaban las neuronas AgRP cada vez que los ratones entraban en una de las dos zonas, los ratones empezaban a evitar esa región.
Sternson, que ahora trabaja en la Universidad de California en San Diego, concluyó que la activación del AgRP resultaba “ligeramente desagradable”. Eso tiene sentido en la naturaleza, dice: cada vez que un ratón abandona su nido, corre el riesgo de ser atacado por depredadores, pero debe superar ese miedo para buscar comida y alimentarse. “Estas neuronas AgRP son una especie de empujón para que, en un entorno peligroso, salgas a buscar comida para mantenerte con vida.”
Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-06/las-neuronas-que-nos-abren-el-apetito-una-nueva-via-para-tratar-el-sobrepeso-y-la-anorexia.html
En el fragmento, “Tal vez empiece con una sensación de falta de energía, o quizás se sienta un poco irritable.”, los términos destacados introducen una idea de
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