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3454828 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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El colonizador y el colonizado

Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.

Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera, pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos, ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es. Solo una minoría querría la libertad; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.

Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla, y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros, que ya no existe.

En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron. Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.

Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.

Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.

Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.

y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado.

En el 1er párrafo, al presentar su discusión acerca del gobierno del territorio puertorriqueño, la autora utiliza el siguiente recurso:

 

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3454773 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor

El trecho subrayado tiene función argumentativa y se basa en una figura de lenguaje conocida como:

 

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3454772 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

Para la presentación de su tesis sobre el ritmo acelerado de la vida actual, el autor del texto recurre en los dos primeros párrafos, principalmente, a la siguiente estrategia:

 

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3454771 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo

La forma verbal subrayada arriba expresa un tipo de acción que se puede cualificar como:

 

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3454770 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya.

En el primer párrafo, el autor discute el tema de la prisa que uno tiene para hacer las cosas.

Respecto a ese tema, el fragmento destacado configura un recurso de:

 

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3454769 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentarA). Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoyB).

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más serenoC).

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanenteD), lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

El texto propone una reflexión acerca de cómo el hombre se enfrenta al tiempo.

El fragmento que sostiene que el hombre puede tener control sobre cómo enfrentarse al tiempo es:

 

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3454703 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

cuando nada es seguro, todo es posible.

En el fragmento, el punto de vista expuesto por la autora se construye sobre un recurso lingüístico que se denomina:

 

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3454702 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

La expresión subrayada se puede sustituir, sin alteración significativa de sentido, por:

 

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3454701 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia,

El uso de la forma verbal subrayada indica una acción que puede ser caracterizada como:

 

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3454700 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

Para organizar su argumentación, un recurso importante empleado por la autora es:

 

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